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miércoles, junio 3, 2026

La depresión y el estrés: una crisis silenciosa que golpea a Honduras

La depresión y el estrés avanzan en Honduras como una epidemia silenciosa que afecta a miles de personas, sin distinción de edad o clase social, y que tiene consecuencias devastadoras en la salud, la economía y el tejido social del país.

Aunque la problemática se ha visibilizado más en los últimos años, la falta de recursos y el estigma cultural siguen impidiendo un abordaje efectivo.

Una prevalencia alarmante

De acuerdo con el informe “Hablemos de Depresión” del Fondo de Población de la ONU, más del 30% de la población hondureña ha padecido un episodio depresivo en algún momento de su vida.

Sin embargo, solo tres de cada diez personas reciben algún tipo de tratamiento. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que en países de ingresos bajos y medianos, como Honduras, más del 75% de quienes sufren un trastorno mental no reciben atención adecuada.

Las cifras oficiales muestran un incremento sostenido: entre 2020 y 2023 los diagnósticos de depresión pasaron de 346 a 564 casos, un aumento del 63%.

Y aunque los números parecen bajos, expertos señalan que existe un alto subregistro. En centros como el Hospital Mario Catarino Rivas o el Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS), se diagnostican hasta 60 nuevos casos por semana.

Una atención insuficiente

El sistema de salud público apenas cuenta con 0.5 psicólogos por cada 100,000 habitantes, lo que equivale a alrededor de 75 especialistas a nivel nacional.

A ello se suma que el presupuesto destinado a salud mental representa apenas el 1.75% del total del sector salud, y de ese monto, casi el 90% se destina a hospitales psiquiátricos, dejando una mínima fracción para servicios preventivos y comunitarios.

El impacto de la falta de atención es evidente en las cifras de suicidio. Entre 2022 y 2024 se reportaron 1,554 casos, con un 79% de las víctimas siendo hombres jóvenes de entre 20 y 39 años.

Causas estructurales

Los especialistas coinciden en que la depresión y el estrés en Honduras tienen raíces profundas en los problemas estructurales del país.

La pobreza, que afecta al 73% de la población, es el principal detonante, seguida de la violencia y la inseguridad, que generan un trauma social colectivo.

La migración y la separación familiar también son factores determinantes. Muchas personas viven con la angustia de tener a sus seres queridos lejos, o con el temor constante a la deportación.

En el ámbito educativo, estudios han revelado que el 93% de los estudiantes de medicina en la UNAH reportan altos niveles de estrés académico, y hasta un 74% padece depresión.

Un reto social y cultural

A pesar de la magnitud del problema, la salud mental sigue siendo un tema tabú en la sociedad hondureña.

El estigma cultural limita la búsqueda de ayuda y normaliza el sufrimiento silencioso.

“Superar las creencias retrógradas sobre salud mental no es fácil, muchos prefieren atribuirlo a causas espirituales antes que reconocerlo como una enfermedad”, lamentó un activista en redes sociales.

La urgencia de una respuesta

Expertos y organismos internacionales coinciden en que Honduras necesita con urgencia un plan nacional integral de salud mental.

Esto implica no solo aumentar la cantidad de psicólogos y psiquiatras, sino también garantizar un presupuesto suficiente, fortalecer la prevención en comunidades y, sobre todo, derribar los muros del estigma.

La depresión y el estrés ya no pueden seguir considerándose problemas individuales: son una crisis colectiva que está socavando la vida y el futuro de toda una nación.

Para la realización de este artículo se utilizó el apoyo de IA.

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