La reciente desclasificación de los archivos del magnate financiero y depredador sexual Jeffrey Epstein ha reavivado el interés por Eyes Wide Shut (Ojos bien cerrados), la enigmática película sobre una secta sexual dirigida por Stanley Kubrick y estrenada en 1999.
Más de 25 años después, el filme sigue envuelto en misterio, un halo reforzado por la muerte de Kubrick apenas seis días después de presentar el primer montaje a los ejecutivos y a sus protagonistas, Tom Cruise y Nicole Kidman.
Los documentos revelados sobre Epstein, que detallan abusos a menores y rituales perturbadores en su isla caribeña, han llevado a muchos a trazar paralelismos con las escenas más inquietantes de la cinta. Con el tiempo, Ojos bien cerrados no solo ha ganado influencia y admiración, sino también una inquietante verosimilitud: a la luz del caso Epstein, su trama ya no parece más extraña que la propia realidad.
«Hay tantas teorías conspirativas circulando ahora que es difícil saber qué creer y qué no. […] Pero creo que somos lo suficientemente inteligentes como para entender cómo están las cosas», comentó Larry Smith, director de fotografía de la película.
Por su parte, Nicole Kidman reconoció que el proyecto la dejó desconcertada y que llegó a pedir explicaciones al director. «Le dije: ‘Bueno, Stanley, ¿qué significa esto?’. Y él respondió: ‘¡No vuelvas a preguntarme eso jamás!'», relató la actriz oscarizada.
Una escena, en particular, ha captado la atención del público y avivado comparaciones con el círculo de Epstein: el pasaje de la orgía en la mansión Somerton. En esos pocos segundos de metraje, muchos creen reconocer a un hombre muy parecido a Epstein, acompañado por una mujer cuya fisonomía recuerda a la de su cómplice y expareja, Ghislaine Maxwell.
A más de dos décadas de su estreno, Ojos bien cerrados sigue siendo un espejo inquietante que invita a la reflexión sobre los límites entre ficción y realidad, y sobre los secretos que pueden ocultarse tras las máscaras.


