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domingo, mayo 19, 2024

Estado y empleo

Ningún artículo de la Constitución obliga al Estado a crear empleo y, más bien, deja explícito no ser esa su función. Al contrario, la mayoría de teorías dogmáticas acerca de las repúblicas, sean Francia, Brasil o Australia, establecen que, en torno a la generación de trabajo, y a fin de evitar enormes burocracias si el Estado lo asume, su función es más bien cooperante, estimulativa y favorecedora de la empresa privada, encargada de tal fin. Lo opuesto es una economía verticalmente dirigida (planificación centralizada) como en China y sociedades orientales… ¿Gustaría eso al emprendedor catracho?

El único caso quizás mundial de economía parcialmente dirigida dentro de la democracia ocurrió en Estados Unidos cuando la época de Franklin D. Roosevelt, quien al ver que se le caía el aparato productivo por causa del “derrumbe” de Wall Street (que en realidad fue una canallada bancaria), adoptó medidas estatales sin precedentes para provocar que millares de individuos evitaran morir de hambre. En vez de utilizar máquinas contrató un millón de obreros que abrieran carreteras, alzara esclusas, pavimentara (macadamizara), tendiera puentes, secara criques, izara compuertas, en fin, transformara el paisaje de Norteamérica. A punto de entrar en colapso por la insuficiencia de las medidas (eran 200 millones de personas), lo salvó la segunda guerra loca. Lee a Howard Zinn, joven gerente, para que te desaburras.

Por 69 años, la URSS impulsó enormes explotaciones agrícolas estatales, equipamientos técnicos e industriales, edificando una poderosa capacidad metalúrgica y siderúrgica a fin de industrializar e independizar al país (autonomía económica), procurando pleno empleo, crecimiento y capitalización estatal. Fue una industrialización espectacular, con trusts gigantes que hizo de la URSS la segunda potencia del orbe. Elevó la condición humana de sus habitantes, pero no perduró.

Honduras otorga a la empresa privada cuantiosos beneficios socialmente orientados para que desarrolle sus ímpetus crematísticos y genere empleo, incluso exenciones enmarcadas al límite de la ley y por medio siglo rentables (crematística es arte de adquirir riquezas). Es más, educa en la escuela a sus habitantes con pensamiento de mano de obra asalariada, sumisa y formada para servir a costos bajos. De no ser por Villeda Morales, que chocó con la ultra conservadora Fenagh, el salario mínimo nacional seguiría a cien pesos… Urge revisar, entonces, cuáles exenciones no pueden continuar vigentes, según modernas leyes tributarias sugeridas por ONU, ya que conforme datos duros la deriva fiscal asciende anualmente a L50 mil millones que bien servirían para escuelas, carreteras y centros de maternidad.

Obvio, pues, que hay confusión de principios. Los empresarios de corte neoliberal exigen que el Estado actúe lo menos posible en el desarrollo de la actividad económica, pero cuando surgen crisis corren a demandar su auxilio e intervención. A pesar de ello alegan que no se fomenta su propia inversión ni la extranjera, pero, a la vez, OCDE identifica que 146 empresas y personas naturales ocultan cerca de L57 mil millones (US$2,320 millones) en paraísos fiscales del orbe. Alguien miente (y no es OCDE)…

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