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sábado, abril 20, 2024

El juicio a la clase política

Le llaman el juicio del siglo, porque es primera vez que un expresidente hondureño está sentado en el banquillo de los acusados. Aunque ya lo estuvo Rafael Leonardo Callejas también los Estados Unidos de América, pero no es la misma gravedad y relevancia.

Es un tanto humillante como nación, que nos tilden de haber tenido a un presidente narco, pareciera esos países africanos que antes veíamos tan lejanos, con presidentes díscolos que hacen y deshacen, pero la verdad es que sucede acá, en nuestro territorio.

Otros, más sectarios, le llaman el juicio contra el Partido Nacional, como si la organización política fuera una asociación para delinquir, lo cual es temerario afirmarlo, pero no es de extrañarse en estas épocas en que cualquiera tiene al alcance de la mano, en su celular, la capacidad de difamar.

Yo le llamo el juicio a la clase política del país, es decir, nadie puede lanzar la primera piedra sin que se le señale por una u otra cosa. Hemos vivido 200 años de independencia viendo cómo se han sucedido gobernantes a cuál más ratero y arbitrario (con honrosas excepciones), y ello explica por qué somos de los países más corruptos del mundo, más pobres de Latinoamérica, donde más homicidios y femicidios se cometen, donde más personas viven en pobreza o extrema pobreza, por solo mencionar unos cuantos datos que nos definen como sociedad.

Pero bien. Lo de Juan Orlando Hernández no sucedió por generación espontánea, no, para nada. No es que de la nada emergió de las profundidades del averno un ser demoniaco capaz de tanta avaricia, codicia, maldad. ¡En lo absoluto!

El indito de Gracias, Lempira, simplemente fue la última etapa de la evolución de una especie que nos ha hecho daño: la clase política hondureña. Han sido dos siglos de ver que los políticos engañan y roban con total impunidad, sin ni uno de verdadero peso preso. Con raras excepciones, fue el cúmulo de sinvergüenzadas que llegó al punto máximo con el ahora reo en Nueva York. Con la tentación (y la presión) del narcotráfico, ya con carta de naturalización en suelo hondureño, era de esperarse que, en algún momento, tuviéramos narcopresidentes, ¡y son tres los embadurnados!, aunque todos se presuman inocentes hasta que no se haya emitido sentencia condenatoria por juez competente, en un juicio en el cual se hayan respetado todas las garantías y derechos del debido proceso, pero cuando el río suena, piedras trae, y son tres presidentes, ¡al hilo!, que nos gobernaron y que han sido señalados allá en el norte. ¡Tres! No solo el que está sentado allá en el banquillo de los acusados. ¡Tres! Sí señor.

Los de Libre que siempre creyeron en la culpabilidad de JOH, y eso que solo era mencionado, pues ahora tienen que ser coherentes e íntegros (ja, ja, ja), y actuar en concordancia como lo han hecho hasta ahora. Si Carlón y Mel están señalados, ¿por qué ahora no creen? Y desde hace ratos que vienen siendo señalados, por cierto. Queremos ver esas carpetas de investigación abiertas, y no solo contra los del cártel Zelaya, también contra los otros mencionados.

Volvamos al hilo conductor de este artículo.

No solo es a una persona a la que se le está procesando, es a todos los que nos han gobernado, con todos sus desmanes, arbitrariedades, locuras, luchas de poder por el poder mismo, a la rapiña descarada.

El Consejo Nacional Anticorrupción tiene en su página web una PPT en la que resumen 100 años de robos contra el pueblo hondureño, pero yo lo aumentaría a doscientos años en que partidos de diferentes clases, color, civiles y militares, han saqueado al país.

El tren interoceánico, la estatua de Morazán, la sumisión a las bananeras, el cariísmo, golpes de Estados, guerras fratricidas, Conadi, el chinazo, el gasolinazo, el Proyecto Gol, los asocios público privados, en fin, es interminable la lista de acciones delictivas, bueno, si hasta Mel Zelaya afirmó que hizo fraude cuando derrotó a Pepe Lobo, ¿o no se acuerdan que mandó a parar el conteo de votos?

Juan Orlando no es que quede exento de culpa, pues, por las experiencias recientes (Tony Hernández y El Chapo), pareciera casi con seguridad que la justicia norteamericana lo va a condenar, y no solo a una cadena perpetua; pero sin duda no es sino un personaje más de la tragicomedia hondureña donde tantos actores han debutado y salido millonarios por su desmedido afán de riqueza.

Pareciera que los políticos nuestros llevan en el ADN la avaricia sin freno.

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