Estados Unidos comenzó este viernes a tomar fotografías y recopilar datos biométricos de todos los extranjeros que entren o salgan del país, tras la entrada en vigor de una nueva normativa del Departamento de Seguridad Nacional (DHS). La medida aplica a viajeros por aire, tierra y mar.
La regla permite al DHS recolectar huellas dactilares y rasgos faciales de no ciudadanos, incluidos menores de 14 años y adultos mayores de 79, grupos que antes estaban exentos.
También afecta a residentes permanentes, temporales, trabajadores, menores y adultos mayores.
Según el DHS, el sistema busca reforzar la seguridad nacional, combatiendo el terrorismo, el fraude con documentos de viaje, las sobreestadías y la información incorrecta o incompleta de los viajeros.
La medida permitirá confirmar la identidad de los extranjeros y verificar su salida del país.
Activistas de derechos civiles han cuestionado la medida, preocupados por la privacidad de los datos, el tiempo de conservación y posibles errores en la información.
La polémica se suma a otras propuestas de control migratorio, como exigir el historial de redes sociales a turistas de 42 países para ingresar a EE.UU. bajo el programa ESTA.
Entre los países afectados por este requisito figuran España, Reino Unido, Irlanda, Nueva Zelanda, Australia, Francia, Japón, Israel y Catar.
La implementación de estas medidas refleja el endurecimiento de las normas fronterizas durante la administración del presidente Donald Trump.
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