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Honduras
lunes, marzo 4, 2024

Catracho que se respeta, se mete en la cola.

Enrique Zaldívar
2050 Comunicaciones  

Con el alto tráfico, que casi siempre ocurre, es sorprendente ver cuánta gente se mete a la brava. Me refiero, tres o cuatro carros fuera de la cola, esperando que alguien se duerma para meterse en ese pequeño espacio. Es más, me confieso que sí lo he hecho también, mas ya no, pues un par de veces mi carro salió dañado.

Y no hablo de rapiditos, ni taxistas, a los cuales siempre acusamos de indebidos al volante. Gente común como usted y yo lo hacemos. Si vemos una gran cola, buscamos la manera de evitarnos la espera y meternos como sea. Exponiendo vidas, nuestro vehículo e incluso, el congestionamiento mismo.

Pero no es necesario irnos solo al tráfico vehicular. Como menciona el título, “Catracho que se respeta, se mete en la cola”, es que, eso nos hace sentir vivos, aprovechados, que hagan cola los lentos, los que no tienen influencia.

En lugares como los bancos, los guardias tienen que invertir mucho esfuerzo para garantizar que la larga fila se cumpla bien, sin embargo, siempre hay quien se le acerque con un engaño, y nos sentimos dichosos de lograr “no hacer fila”.

Hacer cola, siempre ha sido un enorme reto para mi paciencia. ¡Creo que para todos! Pero el desafío se incrementa cuando, en medio de ello, veo que se están metiendo. He visto episodios de peleas por ello.

¿Por qué los latinos actuamos así? Son muchas las razones. Desconfianza al sistema. Ley de supervivencia. Vivimos acelerados. ¡La que usted quiera! Razones de peso y justificadas.

Pero la que más pienso que tiene peso, es que no nos gusta el orden. Si no me cree, pregúntele a los que por un motivo y otro tienen que ir al registro de las personas a pedir su cédula.

De todos es conocido, que el orden atrae la bendición. ¡Pero no nos gusta! Porque requiere muchas cosas de nosotros. Dentro de ellas, ceder, cuando no somos los primeros de la fila. ¡Pero es el orden!

¿Qué podemos hacer para cambiar esta mentalidad? Comience en casa. Sus hijos ven su ejemplo. Cuando se mete a la fila, cuando se pone de vivo. Cuando el ser listo tiene más peso que ser ético.

Créame que allí aprendemos del orden, de saber esperar, cuando es el menor de muchos hermanos y le sirven la comida de mayor a menor. ¡Vaya que sí!
O bien cuando hay un solo baño, y toda la tropa le toca alistarse para salir. ¡Si quiere ser primero, hay que levantarse temprano!

Reconozco que no todo es malo, he visto gente que en el supermercado va con grandes carretas y le “permiten” a alguien pasar primero si lleva pocos artículos. O bien alguien que “cede el paso” cuando le hacen señal de si le permite pasar.

Países cuya cultura es el orden, tienen avances significativos en todas sus áreas. Culturas como en Japón, donde conviven millones de personas, es necesario el orden para poder lograr cosas.

Esto ocurre en muchos ámbitos, como en los negocios, por ejemplo, donde cada vez la ética es menor. Donde la viveza es un gran valor y aprovecharse es la orden del día. El alto precio que pagamos, es el de la recomendación.

Cuando uno es respetuoso del orden, genera confianza. Cuando usted vive sus valores, ¡Sorprende a las personas! Cuando usted reconoce que debe ceder o esperar, ¡inspira a otros! Vivir en orden marca vidas ¡por lo difícil que es!

Pero en la medida de lo posible, es así como vamos a poder decir que de verdad estamos cambiando nuestra Honduras.

 

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