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lunes, mayo 20, 2024

ADOLESCENCIA EN DESOBEDIENCIA

Por obediencia, entendemos, es “la capacidad de cumplir órdenes que esperamos sean justas, provenientes de la autoridad” y no sólo es cumplir “la voluntad de quien manda”, por ende, la desobediencia es “el incumplimiento consciente de órdenes justas provenientes de la autoridad”. La obediencia infantil se trata de la natural posición subordinada a los padres, resultante del proceso de integración familiar de todos los infantes.

Sin embargo, en la adolescencia encontramos un escenario diferente, lo que para muchos es rebeldía, para otros es un proceso de maduración totalmente necesario, es el espacio que tienen para desarrollar su identidad, conocer sus intereses, los rasgos de personalidad que van a mantener y estilo personal que van a adoptar, es fundamental que desarrollen la capacidad de negociación, pensamiento crítico, que experimenten situaciones de frustración, de malestar y asertividad, etc. Así que analicemos si es totalmente desobediencia lo que ellos presentan o si es la formación de estas competencias.

La conducta de desobediencia es la negación para iniciar una conducta cuando alguien la demanda y en un tiempo determinado. Algunos teóricos de la psicología, dividen la conducta de desobediencia en cuatro formas distintas (Larroy, 2007):

1.- El adulto da una orden y el adolescente no la cumple pasado un tiempo determinado.

2.- El adulto pide al adolescente que deje de hacer una conducta y el no deja de hacerla en un tiempo determinado.

3.- El adolescente realiza conductas que están implícitamente prohibidas (ej., jugar mucho tiempo en la virtualidad).

4.- El adolescente no realiza conductas que son implícitamente obligatorias (ej., lavarse los dientes, arreglar su cama).

En varios casos es complicado delimitar lo que son conductas desobedientes de las que no lo son. Porque muchas veces los padres no logran comunicarse de manera efectiva con el adolescente, no tiene espacio de diálogo, no pueden conectar emocionalmente con ellos. Por tanto, resulta más complejo poder dar una instrucción o una orden. Y consideramos como negativas todas las conductas relacionadas a la terquedad, el negativismo o la oposición, al punto de frustrarnos y alterar más el ambiente familiar. Además, ser altamente obedientes conlleva también un riesgo, sabemos que en nombre del concepto equivocado que podemos tener de obediencia, se comenten crímenes, actos indignos y aberrantes, porque les enseñamos siempre a no cuestionar, a no poner límites y a decir que sí a todo lo que se le propone.

Debemos aplicar disciplina cuando se presenta la conducta problemática en función de:

  • Frecuencia, variedad o unicidad de las conductas desobedientes.
  • La gravedad de las mismas, si ponen en riesgo la integridad física del individuo.
  • La diversidad de ambientes en las que la persona las muestra.
  • La conducta negativa está generando problemas importantes en las relaciones parentales o familiares.
  • Si la conducta interfiere en el desarrollo normal del adolescente.

Para concluir, les dejo un párrafo muy significativo del capítulo 10 del libro El principito.

El general dijo: – Si ordenara a un general volar de una flor a otra como una mariposa, o escribir una tragedia, o convertirse en ave marina, y si el general no ejecutara la orden recibida, ¿quién estaría en falta, él o yo?

– Sería usted – dijo con firmeza el principito.

– Exacto. Debe exigirse de cada uno lo que cada uno puede dar – prosiguió el rey. – Porque la autoridad se fundamenta en primer lugar en la razón.

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