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lunes, mayo 20, 2024

A años luz

Agresividad por aquí y por allá y es lo que nos encontramos hoy en día, y tal vez siempre ha sido así, es solo que las cosas adquieren vida únicamente cuando comenzamos a notarlas. Tan habituados estamos a nuestro poco amable entorno, que nos sorprendemos cuando alguien nos saluda ya sea con una sonrisa o palabras, a mitad de la calle. ¡No es lo normal para nosotros! Desafortunadamente son los gestos groseros y el hablar pesado lo que se ha normalizado entre la gente de habla hispana donde quiera que se encuentren. Entonces somos agresivos con los clientes, los compañeros de trabajo, la familia, la pareja, los hijos…

Nos está costando mucho trabajo dulcificar nuestro tono de voz y escuchar con atención lo que nos dicen porque generalmente escuchamos para responder, no para entender lo que nos están diciendo. Desplazamiento es el nombre que Sigmund Freud usó para nombrar a uno de los mecanismos de defensa que usamos cuando simplemente no podemos poner en orden nuestro mundo interior, cuando nos rebasa la ansiedad y vivimos una buena parte de nuestros días molestos. Entonces tendemos a desquitarnos con el primer cristiano que se nos pone enfrente, aunque no sea él o ella la causa de nuestro malestar, y es que resulta, que sabemos que no vamos a poder confrontar a la causa real así que descargamos con otros nuestros enojos. Y qué difícil es para alguien que está pasando por algo complicado en aquel momento, tener que recibir palabras ásperas y malos modos de alguien a quien no ha hecho ningún mal. El mismo Freud aseguraba que “la ciencia moderna aún no ha descubierto un analgésico tan efectivo como lo son unas pocas palabras bondadosas”.

Está más que claro que no solo en este tema que tiene que ver con inteligencia emocional estamos atrasados con respecto a los europeos y otros países de primer mundo. Lo estamos también en el asunto de los buenos modales al celular, en los buenos hábitos como leer y ejercitarse a diario, comer saludable, en fin. Estamos a años luz de ellos en tantas cosas. Desde luego que cuando hemos leído un poco de historia entendemos esto a la perfección. Ellos nos llevan demasiados siglos de ventaja en cuanto a progreso, nosotros apenas hace poco que nos hemos adentrado o mejor dicho fuimos adentrados a la civilización y aquí en esto último también podríamos encontrar la explicación a nuestra cultura belicosa.

Tanto la piscología evolutiva como la analítica de Carl Jung quien nos habla de un inconsciente colectivo de naturaleza universal e impersonal nos pueden ayudar aquí: por naturaleza, el ser humano ha aprendido a ser de alguna manera violento y desconfiado por el entorno poco amistoso en el que se encontró viviendo en el principio de su existencia. Esos recuerdos los guardamos de manera inconsciente en lugares recónditos de nuestro tallo encefálico. Entonces, sabemos que Europa y otros lugares del planeta han ido trabajando en regular el comportamiento salvaje de sus miembros desde hace ya mucho tiempo, educándolos a cual mejor caballero y dama. En Latinoamérica, en cambio, vivimos mal gobernados, dirigidos todavía por la ley de la selva, en un caos que nos hemos empeñado en adoptar como normal y que por los vientos que soplan, no vamos en camino a mejorar. El despertar de cada uno es lo que nos podría salvar, volviendo a Jung; “hasta que lo inconsciente no se haga consciente, el subconsciente seguirá dirigiendo tu vida y tú lo llamarás destino”.

Emy James
Emy James
Emy James, psicóloga y Máster en Educación, escritora a nivel profesional. Trabaja en teatro y radio y es también docente.
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