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jueves, julio 30, 2026

A 250 metros de profundidad, una clínica desafía el paso del tiempo

Ereván, Armenia. A 250 metros bajo la superficie, en una antigua mina de sal ubicada en las afueras de la capital armenia, funciona una de las clínicas más inusuales del mundo. Desde hace casi cuatro décadas, este centro ofrece espeleoterapia, un tratamiento alternativo basado en la permanencia prolongada en un ambiente con aire rico en partículas de sal, aunque actualmente enfrenta una grave crisis financiera que pone en riesgo su continuidad.

La clínica, instalada en la mina de Avan desde 1987, recibe diariamente a pacientes con enfermedades respiratorias como asma y alergias, quienes permanecen varias horas en galerías excavadas en roca salina, donde la temperatura se mantiene estable durante todo el año y el ambiente carece prácticamente de contaminación, alérgenos y ruido.

Durante años, el tratamiento fue financiado por el sistema público de salud de Armenia y benefició a miles de personas. Sin embargo, el panorama cambió en 2019, cuando el Gobierno retiró el apoyo económico al considerar que la evidencia científica disponible no era suficiente para respaldar la financiación estatal de la espeleoterapia.

Desde entonces, la cantidad de pacientes ha disminuido considerablemente y quienes desean acceder al tratamiento deben cubrir el costo de cada sesión, situación que ha reducido la demanda y colocado al centro médico en una situación económica crítica.

La doctora Anush Voskanyan, quien trabaja en la clínica desde finales de la década de 1980, sostiene que el microclima de la mina ofrece condiciones favorables para aliviar algunos síntomas respiratorios. Según explica, el aire con partículas de sal, la humedad controlada y la ausencia de contaminantes crean un entorno diferente al de la superficie.

No obstante, especialistas en enfermedades respiratorias señalan que, aunque algunos pacientes reportan mejorías, la evidencia científica disponible sigue siendo limitada y la espeleoterapia debe considerarse únicamente como una terapia complementaria, sin sustituir los tratamientos médicos convencionales recomendados para enfermedades como el asma.

Pese al debate científico, algunos usuarios aseguran haber experimentado cambios positivos tras someterse al tratamiento. Mientras tanto, la clínica continúa operando con un número reducido de pacientes y enfrenta un futuro incierto, en medio de los esfuerzos de su personal por mantener abiertas sus instalaciones.

La mina de Avan permanece como uno de los pocos centros de este tipo que continúan funcionando en el mundo, convirtiéndose tanto en un sitio de interés médico como en un símbolo de una práctica terapéutica cuya eficacia sigue siendo objeto de investigación.

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