Desde 1982 a la fecha, la presidencia del Congreso ha estado rodeada de intensos cabildeos en los que al final una tercería le “ha comido el mandado” a los que inciaron como favoritos, como puede suceder en este momento cuando todo mundo da por sentado que el ansiado trono podría quedar en manos del nacionalista Tomás Zambrano.
Lo anterior se debe a un problema matemático simple ya que el estrecho margen del partido que gana la presidencia de la República sobre su adversario, le ha impedido lograr los 65 de los 128 votos que necesita para presidir el Congreso sin ocupar a las demás fuerzas políticas.
Esto se repitió desde 1982 hasta el 2021 cuando el bipartidismo, Liberal y Nacional, gobernó el país, alternamente. Entonces, el partido de gobierno de turno tenía que recurrir a los votos de sus rivales, previas negociaciones en las que los congresistas que aceptaban votar en favor de su rival argumentaron que lo hacía por el bien del país y la democracia.
Normalmente, el partido que ganaba no pasaba de 55 diputados por lo que tenía que recurrir a sus rivales para llegar al mínimo de 65 requeridos para quórum. De este modo, los liberales se quedaron con el Ejecutivo y el Legislativo con apoyo de los nacionalistas y estos, a su vez, recibieron el mismo favor llegado su momento de gobernar.
NEGOCIACIÓN Y TRIPARTIDISMO
En el 2021, el bipartidismo llegó a su fin con la incursión de LIBRE como fuerza política dominante cambiando todo el esquema arrastrado desde 1982, pero sin perder la esencia matemática que se requiere para dominar el Congreso.
En ese momento, el partido de gobierno de turno tenía 50 diputados y los nacionalistas 46 de manera que ambos tenían posibilidades matemáticas para presidir, pero necesitan los votos liberales, quienes, al final, se fueron con el partido en el poder, que al final terminó imponiendo a patadas a Luis Redondo, ya que los votos los tenía su compañero Jorge Cálix, quien a última hora desbarató los planes de la cúpupla de su partido en ese entonces.
Esta ecuación se repitirá este día, cuando se instale el nuevo Congreso, ya que los nacionalistas tienen 49 diputados, los liberales 41 y LIBRE 34, pero su dirigencia ha advertido que se mantienen al margen de la negociación, por lo que la presidencia del Congreso es asunto, nuevamente, del bipartidismo aunque en política nada está escrito.
Frente a esto, es difícil predecir qué partido podría presidir el Legislativo y tampoco el nombre de la persona al frente de ese Poder del Estado. Todo apunta a que se repetirá la historia de las últimas cuatro décadas y que los nacionalistas serán los favorecidos junto a su candidato Zambrano, pero eso está por verse este día y, más a un, quién serán los diputados liberales que votarán a favor de ellos invocando el bien de la democacia y el país.
Por otro lado, no se descarta que los liberales se pueda quedar con la joya de la corona legislativa si aceptan, a escondidas, los votos de LIBRE. En este caso, deberán decidir, rápidamente, por un candidato entre Yury Sabas y Marlon Lara, como está pactado, aunque la dirigencia central dio la orden de no negociar con el partido saliente.
Tampoco se descarta que, ahora que Jorge Cálix, se inscribió como diputado por Olancho, pueda armar, a última hora, su propia candidatura como lo hizo en el 2021 cuando en segundos le comió el mandado a Luis Redondo y que de no haber sido por la imposición de Libre, hubiera sido el presidente del Congreso.


