El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció restricciones al uso del Tylenol, el popular paracetamol, en mujeres embarazadas y recién nacidos, asociando el medicamento como causante del autismo.
Durante su conferencia, insistió en varias ocasiones: «no consuman Tylenol, no se lo den a los niños».
Trump utilizó cifras recientes que muestran que 1 de cada 31 niños en EE. UU. es diagnosticado con trastorno del espectro autista (TEA) para justificar su postura, señalando el medicamento y, sin evidencia sólida, mencionando la vacunación como posible responsable. Aseguró que solo debería utilizarse en «fiebres extremas» y bajo supervisión médica.
El anuncio generó críticas del sector médico. El Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos afirmó que el paracetamol es seguro y que las enfermedades tratadas durante el embarazo son más peligrosas que cualquier riesgo teórico.
Epidemiólogos citan estudios de Suecia y Estados Unidos que no muestran asociación clara entre el medicamento y el autismo.
Sin embargo, algunos estudios como el de la Escuela de Medicina de Icahn del Mount Sinai sugieren que la exposición prenatal al paracetamol podría aumentar el riesgo de trastornos del neurodesarrollo, incluidos TEA y TDAH, aunque la evidencia sigue siendo limitada.
Kenvue, productora de Tylenol, rechazó las declaraciones de Trump, calificándolas de contrarias a la ciencia independiente y advirtiendo sobre los riesgos de desinformar a las futuras madres.
Tylenol sigue siendo uno de los analgésicos más consumidos en EE. UU., con ventas millonarias y décadas de uso seguro en la población.
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