Japón enfrenta una nueva emergencia tras el potente terremoto de magnitud 7.1 que sacudió el suroeste del país, dejando al menos 18 personas fallecidas, decenas de heridos y miles de habitantes evacuados, mientras los equipos de emergencia trabajan contrarreloj en la búsqueda de posibles sobrevivientes.
El movimiento telúrico ocurrió el 28 de julio en la isla de Kyushu y provocó daños en viviendas, carreteras y otras infraestructuras. Una de las zonas más afectadas fue la prefectura de Kumamoto, donde se registraron importantes daños estructurales.
Entre los incidentes más graves se encuentra el colapso parcial de un centro comercial en Kashima, donde las autoridades desplegaron equipos de rescate para localizar a personas que podrían haber quedado atrapadas. También se reportaron víctimas tras el derrumbe de una chimenea industrial en Yatsushiro.
Las autoridades movilizaron a miles de efectivos, incluidos integrantes de las Fuerzas de Autodefensa de Japón, para apoyar las labores de búsqueda y atención de los damnificados. Los equipos de emergencia enfrentan condiciones difíciles debido a las altas temperaturas y al riesgo de nuevas réplicas.
El terremoto también ocasionó interrupciones en servicios básicos y afectaciones en el transporte, mientras miles de personas permanecen en refugios. Las autoridades mantienen la vigilancia ante la posibilidad de nuevos movimientos sísmicos y otros riesgos asociados, como deslizamientos de tierra.
La cifra de víctimas y evacuados podría aumentar a medida que avanzan las labores de rescate y evaluación de daños. Japón mantiene activo su operativo de emergencia para atender a las comunidades afectadas y localizar a las personas que continúan desaparecidas.


