Un repaso, –por curiosidad del colectivo– a vuelo de pájaro, (a ratos asomando la cabeza de las alas de la IA) del antiguo poema épico la Odisea. Homero solamente narra las últimas semanas del viaje de regreso de Ulises (Odiseo) y su llegada a Ítaca. Sin embargo, hay secuencias retrospectivas como cuando Ulises en la corte del rey Alcínoo, cuenta sus aventuras. “No narra la guerra de Troya, pero sí sus consecuencias”. “Esto es lo que había ocurrido justo antes de que empiece el poema: Los griegos (aqueos) ganaron la guerra gracias a la famosa artimaña del Caballo de Madera, una idea de Ulises. Los troyanos, creyendo que era una ofrenda, lo metieron en la ciudad. Por la noche, los guerreros griegos escondidos en su interior salieron y abrieron las puertas al ejército, saqueando e incendiando Troya. Durante el saqueo, muchos héroes griegos cometieron actos de arrogancia (hybris) contra los dioses, como Áyax arrastrando a la profetisa Casandra de un altar. Esto condenaría a muchos en su viaje de regreso. Ulises recibió como parte de su botín a Hécuba, la reina de Troya, pero lo más importante es que se llevó consigo la fama de ser el «destructor de Troya», magnificando su gloria… pero también el odio de ciertos dioses, como Poseidón, por haber cegado a su hijo Polifemo (un hecho posterior, pero que pesa en su destino)”. Al inicio de la Odisea “Ulises lleva diez años vagando por el mar. Se encuentra, perdido, en la isla de la ninfa Calipso, que le ofrece la inmortalidad si se queda con ella”. “Todos los demás héroes griegos han muerto o han regresado a sus casas. Él llora cada día en la orilla, deseando volver a Ítaca, aunque sea para ver «el humo de su tierra». Por intervención de Atenea, los dioses ordenan a Calipso que lo libere”. “Ulises construye una balsa, naufraga por la furia de Poseidón, y llega a la tierra de los feacios. Allí, cuenta todas sus aventuras (los lotófagos, el cíclope Polifemo, Circe, el viaje al inframundo, las sirenas, Escila y Caribdis)”. “Los feacios le proporcionan una nave que lo lleva, por fin, dormido, a las costas de Ítaca”. “Mientras Ulises batalla en el mar, Penélope –su esposa– libra su propia guerra en el palacio de Ítaca”. “Durante los 10 años del viaje de Ulises (y los veinte de su ausencia total), más de 100 pretendientes se han instalado en su palacio. Devoran sus bienes, acosan a sus sirvientas y exigen que Penélope elija a un nuevo marido, asumiendo que Ulises ha muerto”. (“Ellos representan la anarquía y el caos en el reino”). “Penélope no es ninguna tonta, antes bien, famosa por su inteligencia (metis, igual que su esposo), no dice ni que sí ni que no. Para ganar tiempo, usa la célebre artimaña del telar. Dice que elegirá marido cuando termine de tejer un sudario para su suegro, Laertes. Durante tres años, teje de día y desteje de noche, hasta que una sirvienta la traiciona y revela el engaño”. “Cuando Ulises llega por fin a Ítaca (disfrazado de mendigo por obra de Atenea), Penélope ya está arrinconada y los pretendientes la obligan a decidir. Sin reconocer a su esposo, se le ocurre una última prueba, el concurso del arco. Quien sea capaz de tensar el gran arco de Ulises y hacer pasar una flecha por doce anillos de hierro, se quedará con ella”. “Esa es la chispa que enciende la masacre final. (“Ítaca, durante la ausencia de Ulises, es un reino en estado de excepción. Telémaco, su hijo, es un adolescente que no puede hacer nada contra los pretendientes. Al inicio del poema, Telémaco parte en busca de noticias de su padre”, (la «Telemaquia»)”. “El palacio está tomado, la hacienda se consume, y la ley del más fuerte (la de los pretendientes) ha sustituido a la ley del rey. Un reflejo de lo que ocurre cuando el oikos (la casa/familia) y el polis (el estado) pierden a su cabeza). El clímax de la Odisea (cantos XXI-XXIV): Ninguno de los pretendientes puede ni siquiera tensar el arco de Ulises. Entonces, el «mendigo» (Ulises) pide probar suerte. Pese a la burla de todos, lo tensa con facilidad y la flecha vuela perfecta a través de los doce anillos. En ese instante, Ulises se quita los harapos, salta al umbral del salón y, con la ayuda de Telémaco y dos fieles sirvientes (el porcino Eumeo y el boyero Filetio), masacra a todos los pretendientes. Es una escena brutal y catártica. (Pero acordate –tercia el Sisimite– que Penélope, que había dormido durante la matanza por orden de Atenea, no se fía. Y para asegurarse que no es un dios disfrazado, usa su última artimaña: le pide a la sirvienta que mueva la cama nupcial que Ulises había construido él mismo alrededor de un olivo vivo. -Si vos allí estuviste –ironiza Winston– bien te acordás que Ulises se enfada, porque eso es imposible. Él mismo talló la cama y sabe que está anclada a la tierra. Solo ellos dos conocen ese secreto. Al oírlo, Penélope rompe a llorar y lo reconoce. Es una de las escenas de reencuentro más hermosas de la literatura universal. -El Reino (Ítaca) –recuerda el Sisimite– es purgado de los «malos» (los pretendientes y las sirvientas traidoras) y se restablece el orden. La paz llega cuando Atenea detiene una guerra civil entre Ulises y las familias de los pretendientes muertos. -Y ahora –se ríe Winston– tantos que hablan de sus altibajos diciendo que “pasaron por una odisea” y como el montón que no lee, ni cuenta se dan del origen de la palabra que usan).


