“ CHARLES-Maurice de Talleyrand, –mensaje de la amiga de la crítica literaria alusivo al ejemplo ofrecido en el editorial ¿De calcetines?, sobre cómo da prestigio al país la permanencia de un embajador, no sujeto al vaivén del color político, ya que el tiempo no desgasta: consagra– fue famoso por ser un maestro de la adaptación, la sutileza y el equilibrio durante periodos turbulentos como la Revolución Francesa y el Imperio Napoleónico”. “Hombre brillante, es conocido por varias citas famosas”. Citaré dos: “Todo lo exagerado es insignificante”. “Estad a sus pies, a sus rodillas… pero nunca en sus manos”. “Nb: fue acusado de traidor (brillante)”: “En la traición, el momento oportuno lo es todo; si fallas, eres un traidor”. Louis XVIII, curioso le preguntó, cómo había sobrevivido a la sucesión de tantos regímenes en Francia y contestó: “Dios mío, señor, no hice nada para provocar esto; es algo que reside en mi interior, algo inexplicable. Traigo desgracia a los gobiernos que me ignoran”. -“Es un gusto –vuelve a escribir– leer lo que pone de Francia”. -Talleyrand –mensaje de acuse de recibo de Winston– sirvió a la monarquía de Luis XVI de Francia, a la Revolución Francesa, a El Directorio, a Napoleón Bonaparte, a la restauración borbónica con Luis XVIII, a la monarquía de Luis Felipe I. “Traicionó a todos… menos a Francia”.
-“Él decía –otro mensaje de la crítica literaria– que no ha traicionado a nadie que no se haya traicionado a sí mismo primero”. “¡La misma regla aplico yo!”. “Es considerado el mejor diplomático de Francia”. “Usted será recordado como el mejor político de este país por los que entienden, los demás no importan, estamos arriba de esta plebe siniestra que tenemos aquí”. “Vestigia nulla retrorsum”, otro lema mío. («Ningún paso atrás» o “no hay huellas de retorno”). “Sirvió también al Antiguo Régimen (clero). ¿Era completo el noble tipo no?”. “Añade la descarada IA: Charles-Maurice de Talleyrand-Périgord (1754-1838) fue sacerdote y obispo católico antes de convertirse en un destacado político y diplomático francés”. -Hay un viejo eslogan –le ilustra Winston– de los liberales, acuñado desde sus tiempos de gloria y repetido ahora por muchos que ni idea tienen de lo que es liberalismo: “Siempre adelante, ni un paso atrás”, creo que, tomado de la política colombiana, inspirado en el “No pasarán” durante la guerra civil española símbolo de la resistencia antifascista, y del ejército rojo soviético “ni un paso atrás”, en la segunda guerra mundial. A propósito de lo anterior, otros datos de “la descarada” IA: “Su figura está rodeada de una paradoja: para algunos fue el arquetipo del oportunista; para otros, el ejemplo supremo del diplomático que salvó a su país más allá de los regímenes”. “Cambiar de régimen tantas veces hizo que sus adversarios lo acusaran de traicionar a cada uno de ellos”. “Sus defensores sostienen lo contrario: Talleyrand no cambiaba por ambición personal, sino porque creía que Francia debía sobrevivir a sus gobiernos”.
“Cuando vio que Napoleón llevaba a Francia a guerras interminables y a un colapso inevitable, se apartó. Luego, en el Congreso de Viena (1815), logró algo extraordinario: Francia, pese a haber sido derrotada, no fue desmembrada ni humillada como potencia vencida”. “Muchos historiadores consideran que, sin Talleyrand, Francia habría sido castigada con mucha mayor severidad”. “Talleyrand resumía su visión con una lógica fría y pragmática: No servía a un régimen, servía a Francia. Y creía que los gobiernos pasan, el Estado permanece”. ¿Cómo quedó su nombre en la historia? “Hoy su reputación es ambivalente pero más admirada que condenada”: “Se le considera uno de los mayores diplomáticos de la historia”. “Se le atribuye haber salvado a Francia tras Napoleón”. “Su nombre es sinónimo de habilidad política y pragmatismo”. De él se dijo una frase que resume su legado: “Traicionó a todos… excepto a Francia”. (Pues –tercia el Sisimite– si ya salimos de lo jurídico y regresamos a la divagación literaria diríamos que: “Talleyrand caminó sobre el filo de la historia con guantes de seda y mirada imperturbable”. “Mientras los tronos caían como hojas en tormenta, él permanecía, no como cortesano del poder, sino como intérprete del interés permanente del Estado”. -Y eso de traidor –se ríe Winston– (palabreja que acá les encanta usar a los que, con mentalidad sumisa, suponen que es menester rendirse a los pies de pequeños intereses políticos). Confunden subordinación con fidelidad. Lo digno no es servilismo a nadie, sino fidelidad a la causa y lealtad a Honduras. (Por favor, y menos lealtad a lo que no sirve). Con el diplomático francés, cuando las guerras terminaron y Francia seguía entera, comprendieron que aquel hombre, que había sobrevivido a todos los regímenes, no había servido a ninguno: había servido al país).


