El 15 de septiembre de 1821 marcó un antes y un después en la historia de Centroamérica, al concretarse la declaración de independencia de las provincias que hasta ese momento permanecían bajo el dominio de la monarquía española.
La decisión quedó establecida mediante la firma del Acta de Independencia de Centroamérica, suscrita en la ciudad de Guatemala. El documento puso fin al vínculo político que las provincias mantenían con España y abrió una nueva etapa para la región.
En aquel momento, los territorios que hoy conforman Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica formaban parte de la Capitanía General de Guatemala, por lo que el proceso independentista tuvo un alcance regional.
La declaración se produjo en un contexto marcado por los movimientos independentistas que se extendían por América y por los cambios políticos que atravesaba España.
El Acta de Independencia estableció, entre otros puntos, la necesidad de convocar a un congreso que determinara la forma de gobierno y el futuro político de las provincias centroamericanas.
La independencia, sin embargo, no significó que los actuales países centroamericanos surgieran inmediatamente como repúblicas independientes. En los años posteriores se produjeron diferentes procesos políticos, incluida la anexión de Centroamérica al Imperio Mexicano y, posteriormente, la formación de las Provincias Unidas de Centroamérica.
Con el paso del tiempo, cada territorio siguió su propio camino hasta consolidarse como las naciones que actualmente integran la región.
Por su importancia histórica, el 15 de septiembre se mantiene como una fecha central para los países centroamericanos y es conmemorada cada año mediante actos cívicos, ceremonias oficiales y actividades culturales.
En Honduras, la fecha representa uno de los principales símbolos de identidad nacional y constituye el punto de partida de las celebraciones de las Fiestas Patrias.


