La construcción de una nueva escuela en la comunidad de Umru, La Mosquitia hondureña, representó una inversión cercana a 48,650 dólares, unos 1.3 millones de lempiras, un costo que llamó la atención de algunos seguidores del filántropo y creador de contenido Shin Fujiyama.
Ante las dudas surgidas alrededor del monto, Fujiyama explicó que las condiciones geográficas y las dificultades para trasladar materiales hasta la comunidad elevaron considerablemente el presupuesto en comparación con otros centros educativos construidos por su equipo en diferentes regiones de Honduras.
El filántropo aseguró que uno de los principios de su proyecto es mantener informados a quienes realizan donaciones, por lo que consideró importante explicar cómo se distribuyeron los recursos y cuáles fueron las circunstancias que encarecieron la obra.
Una escuela adaptada al riesgo de inundaciones
Uno de los principales elementos que incrementó el costo fue la ubicación de Umru, una zona expuesta a las crecidas del río durante la temporada lluviosa.
Fujiyama explicó que el nivel del agua puede aumentar hasta 1.5 metros, por lo que no era viable utilizar el mismo diseño empleado en comunidades con mejores condiciones geográficas.
Para reducir los riesgos, la estructura tuvo que construirse sobre pilotes elevados y con una cimentación más compleja.
También fue necesario utilizar una mayor cantidad de madera y reforzar diferentes componentes de la construcción.
Solamente los trabajos relacionados con la fundación, los barracones y la plancha representaron un gasto de aproximadamente 20,491 dólares, equivalente a más del 40 % del presupuesto total.
Llevar los materiales fue otro desafío
El traslado de los insumos también tuvo un impacto importante en el precio final de la obra.
Los materiales realizaron un recorrido de aproximadamente 120 kilómetros por carretera, desde El Progreso hasta La Ceiba.
Desde ese punto fueron transportados durante cerca de dos días en barco hasta Puerto Lempira y posteriormente trasladados en lancha durante unas seis horas río arriba hasta llegar a Umru.
La diferencia en el precio de los materiales refleja el impacto de esta compleja cadena logística.
Según Fujiyama, una bolsa de cemento cuyo precio ronda los 227 lempiras en El Progreso puede llegar a costar alrededor de 465 lempiras en Umru debido a los gastos asociados con el transporte.
Algo similar ocurre con los bloques. Mientras una unidad puede tener un precio aproximado de 24 lempiras en Puerto Lempira, en Umru su costo puede elevarse hasta unos 93 lempiras.
La arena también supone una dificultad adicional, ya que debe extraerse manualmente del fondo del río y transportarse en recipientes hasta el lugar donde se ejecuta la construcción.
Empresas y autoridades ayudaron con la logística
Pese a las dificultades, algunos gastos pudieron reducirse gracias al respaldo recibido durante el traslado de los materiales.
Una empresa de transporte asumió sin costo el recorrido entre La Ceiba y Puerto Lempira, mientras que la alcaldía apoyó con 21 viajes en lancha, cuyo valor estimado habría rondado los 294 mil lempiras.
El equipo encargado de la construcción también tuvo que trasladar desde otras zonas diversos artículos necesarios para permanecer en la comunidad, entre ellos colchonetas, mosquiteros, medicamentos, combustible y un generador eléctrico.
La razón es que Umru no cuenta con hoteles, establecimientos comerciales ni un suministro estable de energía eléctrica, por lo que los trabajadores debieron llevar consigo buena parte de los recursos necesarios para permanecer durante el proyecto.
El costo no será igual en todas las comunidades
Fujiyama aclaró que los 1.3 millones de lempiras invertidos en la escuela de Umru no deben tomarse como una cifra estándar para futuras construcciones en La Mosquitia.
Cada comunidad presenta condiciones diferentes y los costos pueden variar dependiendo de la distancia, el acceso, el terreno, los materiales disponibles y las necesidades específicas de cada proyecto.
La construcción de la escuela representa además el cumplimiento de una espera de aproximadamente 30 años por parte de los habitantes de Umru, quienes finalmente cuentan con un espacio educativo con mejores condiciones.
Para Fujiyama, las dificultades logísticas de llegar hasta comunidades remotas no deberían convertirse en un obstáculo para que los niños tengan acceso a mejores oportunidades educativas.
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