Las personas podrían estar hablando cada vez menos. Un estudio revisado por pares encontró una disminución en el número de palabras pronunciadas diariamente en sociedades occidentales e individualistas.
La investigación, publicada en Perspectives on Psychological Science, analizó los hábitos de comunicación de más de 2.000 participantes de diferentes edades y países.
Entre los lugares incluidos estuvieron Estados Unidos, México, Australia y varias naciones europeas. Los investigadores compararon datos recopilados durante un periodo de 17 años.
Los resultados mostraron una reducción promedio de 338 palabras habladas al día. En términos anuales, esto representa casi 110.000 palabras menos por persona.
La disminución fue todavía mayor entre los participantes menores de 25 años, quienes registraron una reducción promedio de 451 palabras diarias.
En cambio, las personas mayores de 25 años presentaron una disminución de unas 314 palabras al día, según los datos analizados por los investigadores.
Los científicos Valeria Pfeifer y Matthias Mehl aclararon que el estudio no fue diseñado para determinar las causas de esta tendencia.
Sin embargo, Mehl considera que el crecimiento del uso de celulares, internet y redes sociales podría estar relacionado con los cambios en la manera en que las personas se comunican.
El investigador explicó que una parte de las palabras que antes se pronunciaban ahora podría intercambiarse mediante mensajes, correos electrónicos y publicaciones digitales.
Por ello, la reducción del lenguaje hablado no necesariamente significa que las personas estén utilizando menos palabras en total, sino que una mayor cantidad de comunicación podría estar ocurriendo por escrito.
El estudio también apunta a que los jóvenes podrían estar experimentando con mayor intensidad este cambio, algo que coincide con una mayor exposición a los dispositivos digitales.
Menos conversaciones cotidianas
Para Mehl, uno de los cambios más importantes podría estar relacionado con la pérdida de las conversaciones espontáneas que ocurren durante actividades cotidianas.
Se trata de pequeños intercambios con vecinos, vendedores, compañeros ocasionales u otras personas con quienes existe una relación social limitada.
El investigador los describe como “vínculos débiles”: personas que quizá no tienen un papel central en nuestra vida, pero con quienes se generan encuentros y conversaciones frecuentes.
El uso de dispositivos también puede reducir estas oportunidades. Escuchar un podcast mientras se pasea al perro o utilizar el celular en una fila puede sustituir una conversación que antes surgía de manera natural.
Incluso actividades como pagar en un restaurante mediante el teléfono o consultar una dirección con un dispositivo eliminan algunos intercambios que anteriormente requerían hablar con otra persona.
Según Mehl, esas interacciones breves pueden generar pequeños momentos de pertenencia y reconocimiento, como sentirse visto o identificado por alguien del entorno.
El investigador relaciona esta situación con el aislamiento social y la soledad que enfrentan muchas personas, al considerar que esos encuentros cotidianos pueden tener un efecto positivo en las relaciones sociales.
¿Qué ocurrió después de la pandemia?
Los datos utilizados en la investigación llegan hasta 2019, por lo que no permiten determinar directamente qué ocurrió con las conversaciones después de la pandemia de covid-19.
Mehl señaló que existen estudios en curso cuyos resultados podrían ayudar a conocer si la tendencia continuó después de ese periodo.
El científico considera que el aislamiento provocado por la pandemia pudo afectar todavía más las interacciones espontáneas, debido a las medidas de distanciamiento social y al aumento del trabajo remoto.
Tras la emergencia sanitaria, algunas personas también reportaron dificultades para retomar actividades sociales, recibir visitas o salir con amigos.
Hablar más como una alternativa
Mehl plantea que una forma sencilla de recuperar parte de esas interacciones consiste en propiciar más conversaciones, incluso con personas desconocidas o con vecinos.
El investigador tomó como referencia trabajos de Gillian Sandström y Nicholas Epley, quienes han estudiado los efectos de las interacciones sociales cotidianas.
La propuesta consiste en aprovechar más las oportunidades de conversar que aparecen durante el día, en lugar de evitarlas automáticamente mediante el uso de dispositivos.
Para Mehl, saludar a un vecino puede generar un pequeño sentimiento de pertenencia, pero también puede contribuir a crear vínculos sociales en momentos marcados por el aislamiento y la polarización.
El hallazgo, por tanto, no plantea que hablar menos palabras sea necesariamente un problema por sí mismo, sino que abre el debate sobre qué tipo de conversaciones se están perdiendo mientras la comunicación digital gana espacio.
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