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domingo, julio 19, 2026

Pedagoga hondureña Gladis Gissela Henríquez difunde su pasión por la música en EE. UU.

El sueño de una niña de seis años, que inició cantando en el coro de la iglesia, viajando desde la colonia Cerro Grande hasta la Escuela Nacional de Música, en transporte público, años más tarde se convirtió en la historia de éxito de una de las pedagogas de música temprana más solicitadas en los Estados Unidos.

Gladis Gissela Henríquez Rivera (28) es una hondureña amante de la flauta, que en la actualidad lidera programas musicales integrales para estudiantes de múltiples edades, en Curtis Guild Elementary y Dante Alighieri Montessori, en Boston.

Con una sonrisa, la “catracha” recuerda que “me gustaba escuchar música, pero cuando ingresé a la Escuela Nacional de Música, ya esto fue más serio…”.

“… y aprendí a cantar en el coro de los niños, que era lo que más me gustaba, y hoy regresar y ver todo lo que he pasado y vivido, ¡es algo que me llena tanto!”, indica Gladis con evidente emoción.

DESTACADA FLAUTISTA

Aprendió a leer notas musicales y ejecutar instrumentos, y con tan solo 18 años destacó como flautista en la Orquesta Filarmónica de Honduras.

Su talento extraordinario le permitió obtener becas completas en prestigiosos conservatorios estadounidenses, culminando con dos maestrías en Duquesne University y el Longy School of Music del Bard College.

Hoy en día, la artista es una figura líder en la educación musical temprana en Estados Unidos, reconocida ampliamente por su virtuosismo como especialista en instrumentos de viento y por su enfoque transformador en currículos artísticos bilingües y culturalmente pertinentes.

“Todas esas presentaciones en distintos lugares me ayudaron a encontrar mi personalidad en la música; ya son 22 años dedicándome a la música, actualmente vivo en la ciudad de Boston”, manifiesta la artista.

“Ahí pude realizar una segunda maestría en educación musical, descubrí que no solo me gusta ejecutar la flauta, también enseñar, transmitir esto tan bonito, esto me ayuda mucho no solo como artista, claro no ha sido fácil”, confiesa.

Desde niña mostró su pasión por la música.

DERRIBANDO BARRERAS

Aunque siempre fue una alumna brillante, Gladis tuvo que enfrentar las barreras del idioma, ya que egresó de la educación pública en Honduras y no sabía inglés. Sin embargo, su pasión por la música la impulsó a aprender ese idioma en la marcha e incluso, la llevó a conocer el amor, pues su esposo es un músico taiwanés.

Gladis trabaja en una prestigiosa escuela de música, donde pequeñines desde kínder hasta sexto grado disfrutan de su dulzura y conocimientos musicales, con lo que la triunfadora maestra ha puesto en alto el nombre de Honduras.

“He aprendido muchas cosas, gracias a las becas, el trabajo en los Estados Unidos, eso me ha motivado mucho y estar hoy aquí, en la Escuela Nacional de Música, ver todos estos niños con los que me identifico”, comenta.

“Recordar cómo llegué aquí, con mi hermana Edna, que ha sido como una segunda madre, que sin ella esto no hubiera sido posible… Ella me traía a clases, me pasaba dejando y me recogía después de salir del trabajo”, relata con nostalgia.

Aunque dijo no haber tenido una infancia fácil, ya que formarse le costó, reconoció que con el esfuerzo de sus padres, Iván Henríquez y Gladis Rivera, el sueño se ha cumplido y hoy están cosechando el fruto de tanto trabajo y dedicación.

El público pudo comprar sus obras preferidas por debajo del mercado normal y hasta intercambiar sus libros viejos por nuevos.

INOLVIDABLES SACRIFICIOS

“Cuando recibí la oportunidad de viajar a Estados Unidos, mi madre vendió un terreno para despacharme. Enfrentamos tantas cosas… Cuando yo no creía en mí, ellos sí… Mi hermana Edna, sin ella nada de esto sería posible”, recalcó.

Aunque estaba de vacaciones en Honduras, su anhelo de compartir con las nuevas generaciones sus conocimientos y la bonita experiencia de cumplir un sueño, la motivó a regresar a su “nido” y visitar a los estudiantes de la Escuela Nacional de Música.

Junto a su esposo y colega dedicaron horas a estos niños que son el futuro de Honduras. “El tiempo aquí ha sido corto, pero muy bonito; aquí hay mucho talento, pero es necesario más apoyo para esta área”, consideró la docente. (Diario La Tribuna)

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