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domingo, julio 19, 2026

Papa León XIV llama a la unidad y esperanza para el año 2026

En las primeras vísperas de la solemnidad de Santa María Madre de Dios, este miércoles 31 de diciembre de 2025, el Santo Padre León XIV presidió el canto del Te Deum en la basílica de San Pedro, en acción de gracias por el año que culmina y por el Jubileo recientemente celebrado.

Durante la homilía, invitó a leer la historia desde el designio misericordioso de Dios y a oponer la esperanza evangélica a las lógicas de poder del mundo.

“La liturgia de las primeras vísperas de la Madre de Dios tiene una riqueza singular”, afirmó el Papa, destacando tanto el misterio de la maternidad divina de María como la ubicación de la celebración al final del año solar, momento en el que la Iglesia contempla el paso del tiempo bajo la bendición de Dios. El Pontífice enfatizó que esta solemnidad, que cierra la Octava de Navidad, “cubre el paso de un año a otro y extiende sobre él la bendición de Aquel ‘que era, que es y que viene’”.

La plenitud de los tiempos y el designio de Dios

Deteniéndose en la carta a los Gálatas, León XIV recordó las palabras de San Pablo: “Cuando se cumplió el tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer”, señalando que el misterio de Cristo se inscribe en un gran designio sobre la historia humana, misterioso pero con un centro claro: la plenitud de los tiempos.

Este mismo concepto, explicó, resuena en la carta a los Efesios, donde se habla del proyecto de Dios de “recapitular en Cristo todas las cosas”.

Frente a las incertidumbres del presente, el Papa subrayó la necesidad de un designio sabio, benévolo y misericordioso, que actúe de manera libre, pacífica y fiel, como el que María proclama en el Magníficat: “De generación en generación, su misericordia se extiende sobre los que le temen”.

No obstante, advirtió, existen otros planes que buscan dominar el mundo mediante estrategias de poder, mercados y territorios, “armadas y envueltas en discursos hipócritas y proclamas ideológicas”. Ante estas lógicas, María —“la más pequeña y la más elevada entre las criaturas”— observa la realidad con la mirada de Dios, que “dispersa las tramas de los soberbios, derriba a los poderosos de sus tronos y eleva a los humildes”.

La esperanza de los pequeños que hace avanzar al mundo

El Pontífice afirmó que “Dios ama esperar con el corazón de los pequeños”, involucrándolos en su plan de salvación.

“Cuanto más hermoso es el plan, mayor es la esperanza”, dijo, destacando cómo el mundo progresa impulsado por la fe de personas sencillas, conocidas o desconocidas, que confían en que “el futuro está en manos de Aquel que ofrece la mayor esperanza”.

Entre ellos, mencionó a Simón Pedro, sobre cuya fe se edifica la Iglesia, recordando a los peregrinos que renovaron su fe durante el Año Santo.

El Jubileo, señaló León XIV, es “un gran signo de un mundo nuevo, renovado y reconciliado según el designio de Dios”, y Roma ocupa un lugar especial por ser la ciudad donde Pedro, Pablo y tantos mártires derramaron su sangre por Cristo.

Por ello, el Papa deseó que la ciudad cuide a sus más pequeños: niños, ancianos, familias en dificultad y quienes llegan con la esperanza de una vida digna.

Acción de gracias y mirada al futuro

Al concluir, el Papa dio gracias por el don del Jubileo y por todos quienes han trabajado para recibir a los peregrinos y hacer de Roma una ciudad más acogedora.

Retomando un deseo del Papa Francisco, pidió que la ciudad permanezca animada por la esperanza cristiana y al servicio del plan de amor de Dios, confiando todo a la intercesión de la Santa Madre de Dios, Salus Populi Romani.

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