El gobierno de Nasry Asfura enfrenta el desafío de reducir la inflación, que cerró 2025 en 4.98 %, siendo la séptima más alta de Latinoamérica, solo por debajo de Venezuela, Argentina, Haití, Colombia, Cuba y Bolivia.
El Banco Central de Honduras (BCH) proyecta que la tasa de inflación en 2026 no superaría el 5 %, aunque advierte que existen riesgos internos y externos que podrían afectar estas proyecciones.
Expertos en finanzas destacan que gran parte de la inflación hondureña es importada, principalmente por alimentos. Lilian Rivera, de la Asociación para una Sociedad más Justa (ASJ), urgió a promover la producción nacional para reducir dependencia de importaciones y fortalecer la economía interna.
El economista Ricardo Matamoros, de la UNAH, coincide en que el combate a la inflación requiere políticas monetarias y fiscales efectivas, reducción de impuestos, control del gasto público e inversión en infraestructura, además de fomentar la producción para mejorar la productividad y bajar costos.
El impacto de la inflación se refleja directamente en el poder de compra de los hogares. Según Mario Palma, si bien la política monetaria es clave, mejorar la productividad nacional es esencial para generar precios más bajos y mayores oportunidades económicas para los ciudadanos.
En comparación con otros países de Centroamérica, Honduras mantiene la tasa más alta. Por ejemplo, Nicaragua cerró 2025 con 2.7 %, Guatemala con 1.65 % y Costa Rica incluso registró deflación (-1.23 %).
La Cepal advierte que mantener la inflación a la baja en 2026 dependerá de estabilidad cambiaria, precios internacionales moderados y control logístico, mientras persisten riesgos por aranceles y mercados energéticos.
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