“ Con la aparición de la crítica literaria –mensaje del filósofo del colectivo– se da la cerradura del círculo para el ilustrado “colectivo”, pues el trabajo de la escritura es un arte que sometido al pensamiento dialéctico trasluce elementos que solo puede ver inicialmente el ojo agudizado de una mente cartesiana o la mirada dionisíaca de otro artista”. A ver –tercia el Sisimite– ya metimos a la inteligencia artificial, de compañía a las conversaciones, (la trilogía florentina, no la de las tres divinas personas). Ahora, agua de florida tonificante de los sentidos, en los diálogos, entra la “crítica literaria, como elemento culminante en el proceso de la creación y la recepción artística dentro de un contexto ilustrado. ¿Qué entendés por lo del cierre del círculo? -Pues, si filosofando estamos – ilustra Winston– aquí recostado a la par en la IA, diríamos que la crítica sería la consumación del proceso. El acto creativo “no termina con la escritura de la obra, sino que alcanza su plenitud o su «cerradura» cuando aparece la crítica”. En el «ilustrado colectivo» (y por añadidura en la sociedad o comunidad que piensa y debate), “la crítica es el eslabón final que transforma la obra de un objeto privado a un fenómeno público y analizado. Sin ella, el círculo de la comunicación artística quedaría abierto, incompleto”.
-El Sisimite eleva el tono de la cátedra: “La obra literaria, al ser analizada bajo la lupa de la dialéctica (el arte del diálogo, la contraposición de ideas), revela capas de significado que no son evidentes a simple vista. Entendamos que la literatura no es un mensaje unidireccional, sino una tesis que espera su antítesis (la crítica) para generar una síntesis (una nueva comprensión)”. “La crítica literaria es la herramienta que extrae las contradicciones y matices implícitos en el texto”. -¿Y qué entendiste por eso de mente cartesiana versus mirada dionisiaca? -Winston en modo pensativo: Digamos que “el ojo agudizado de una mente cartesiana” se refiere al crítico racional, analítico, metódico (como Descartes, padre del racionalismo). “Este perfil puede diseccionar la obra, entender su estructura, lógica interna y los elementos que responden a un sistema de pensamiento”. Y la “mirada dionisíaca de otro artista”, hace alusión a lo apolíneo/dionisiaco de Nietzsche. “Lo dionisiaco representa la intuición, el caos, la emoción y la embriaguez creativa”. “Se infiere que otro artista (un poeta, un novelista) puede tener una comprensión visceral y empática de la obra porque comparte el mismo «fuego» creativo, captando elementos que la razón pura no puede”.
-Sigamos filosofando –vuelve el Sisimite– con la naturaleza del “elemento revelado”, ello es, lo inmerso en el escrito, de significados ocultos, símbolos o estructuras profundas, que inicialmente con una ojeada o a simple vista, no se ven, pero que están latentes hasta que el observador calificado (sin duda gente que lee no cualquier analfabeto del siglo XXI que, aun sabiendo leer y escribir nada lee y nada de ver escribe), o sea el artista par, buceando en aguas profundas, los revela al resto del colectivo. -Winston moviendo su cola: “el autor del texto valora la crítica literaria como un ejercicio indispensable de mediación intelectual y artística”. Hay opinionólogos, pero la pedagogía es propiedad de letrados, de intelectuales que, ya sea “mediante el rigor lógico (cartesiano) o la sensibilidad empática (dionisíaca), completan el sentido de la obra y la insertan en el diálogo colectivo de la Ilustración”. “La literatura, por tanto, necesita tanto del creador como del crítico para alcanzar su función social y cognitiva plena”.
-¿Y lo otro que agrega el filósofo –interrumpe el Sisimite– que “está elevando tanto el nivel de la lectura que al final nadie lo va a leer? -¿Y es que hoy en día –ironiza Winston– en esta época de la adicción hipnótica a esos chunches digitales, de la regresión, con el uso de pichingos para transmitir estados de ánimo, a la era rupestre de los petroglifos, el pan del saber es comida de trompudo? Con tal que entendamos nosotros y lean los ilustrados lectores del colectivo, que hay muchos, ni modo que no lean los que de todas maneras nunca han leído, y no entienda, ni jota, esa caterva de profanos del montón.


