Lago de Yojoa, Honduras. La crecida del lago de Yojoa no solo mantiene bajo el agua viviendas y terrenos, sino que también agrava las dificultades económicas de las familias que dependen de la pesca artesanal para sobrevivir. En medio de las inundaciones, los pescadores enfrentan jornadas cada vez más complicadas, ingresos insuficientes y la falta de ayuda para atender sus necesidades básicas.
Germán Del Cid, de 64 años, conoce de cerca esta realidad. Durante tres décadas ha dependido de la pesca para mantener a su familia, pero las condiciones actuales han reducido sus posibilidades de obtener ingresos suficientes para cubrir los gastos cotidianos.

En un buen día, Del Cid logra capturar alrededor de diez libras de pescado, por las que recibe unos 300 lempiras. Sin embargo, las jornadas favorables son cada vez menos frecuentes y, cuando la pesca escasea, sus ganancias no alcanzan para cubrir todas las necesidades del hogar.
A sus dificultades económicas se suma la enfermedad de su esposa, cuyos gastos médicos y de transporte representan una carga adicional para una familia que depende de lo que consigue cada día.
El pescador relató que necesita destinar dinero para alimentación, medicamentos y traslados, mientras las fuerzas para continuar con su labor disminuyen con el paso de los años.
La situación se ha complicado aún más por el aumento del nivel del agua. Según explicó, los peces se refugian entre la vegetación inundada, lo que dificulta su captura y reduce las posibilidades de obtener una buena jornada de pesca.
Su día comienza a las 5:00 de la mañana, pero el esfuerzo no siempre se traduce en ingresos suficientes. Ante este panorama, lamentó que las necesidades de quienes viven de la pesca artesanal continúen sin recibir la atención que esperan de las autoridades.
Familias obligadas a abandonar sus viviendas
La emergencia también golpea a los habitantes de las comunidades cercanas al lago, donde numerosas familias han tenido que abandonar sus hogares debido a las inundaciones. Algunas buscan refugio con familiares, vecinos y amigos, mientras otras se ven obligadas a alquilar una vivienda, pese a sus limitados recursos económicos.
Nayeli Padilla, de 24 años, aseguró que la situación ha cambiado la vida de quienes han crecido en la zona. La joven relató que la pesca y la agricultura, actividades fundamentales para la economía local, atraviesan un período difícil, mientras las familias intentan encontrar alternativas para mantenerse.
Según su testimonio, el agua comenzó a subir gradualmente y, aproximadamente un mes antes de su relato, los primeros residentes empezaron a abandonar sus casas al comprobar que las inundaciones no cedían.
Padilla lamentó que muchas personas hayan tenido que salir de sus viviendas sin contar con los recursos necesarios para afrontar los gastos de alquiler y manutención en otros lugares.
La joven, quien nació en la zona, afirmó que nunca había presenciado una situación de esta magnitud y pidió que las necesidades de las comunidades afectadas sean atendidas.
Una crisis que amenaza el sustento de las comunidades
Para los pescadores artesanales y las familias que dependen de la agricultura, la emergencia representa mucho más que la pérdida temporal de sus espacios de vivienda. También pone en riesgo sus fuentes de ingresos y profundiza las dificultades de quienes viven al día.
Mientras el agua continúa afectando la vida cotidiana de los pobladores, testimonios como los de Del Cid y Padilla reflejan la incertidumbre que enfrentan quienes no tienen ahorros suficientes para afrontar una emergencia prolongada.
Los habitantes reclaman atención y apoyo ante una situación que compromete tanto su seguridad como sus medios de subsistencia. Para ellos, la prioridad es encontrar una salida que les permita recuperar sus hogares, retomar sus actividades económicas y dejar atrás la incertidumbre que hoy marca sus vidas.


