El astrónomo y experto en asteroides de la NASA, Humberto Campins, afirmó que la población no debe alarmarse por la posibilidad de que un asteroide impacte la Tierra, al señalar que, desde la perspectiva de cada individuo, «no hay nada de qué preocuparse» debido a la baja probabilidad de que ocurra un evento de ese tipo.
Campins explicó que, aunque los asteroides forman parte del entorno natural del Sistema Solar y algunos cruzan periódicamente la órbita terrestre, la comunidad científica mantiene una vigilancia constante sobre los llamados Objetos Cercanos a la Tierra (NEO, por sus siglas en inglés), con el propósito de identificar con suficiente anticipación cualquier cuerpo celeste que pudiera representar un riesgo.
El especialista indicó que los programas internacionales de observación han permitido catalogar miles de asteroides y mejorar significativamente la capacidad para calcular sus trayectorias. Gracias a estos avances, las agencias espaciales pueden determinar con gran precisión si alguno de estos objetos tiene posibilidades reales de aproximarse peligrosamente al planeta.
Asimismo, destacó que en los últimos años se han desarrollado tecnologías para la defensa planetaria, incluyendo misiones destinadas a probar métodos para modificar la trayectoria de un asteroide en caso de que en el futuro se detecte una amenaza real. Estas iniciativas fortalecen la capacidad de respuesta de la comunidad internacional ante escenarios de baja probabilidad, pero de alto impacto.
Los científicos insisten en que la posibilidad de que una persona resulte afectada por el impacto de un gran asteroide es extremadamente reducida. No obstante, subrayan la importancia de continuar invirtiendo en investigación, monitoreo del espacio y cooperación internacional para garantizar la detección temprana de cualquier objeto potencialmente peligroso.
La NASA y otras agencias espaciales mantienen sistemas de observación permanentes que permiten actualizar continuamente la información sobre los cuerpos cercanos a la Tierra, contribuyendo a que las evaluaciones de riesgo se basen en evidencia científica y no en especulaciones.


