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domingo, julio 19, 2026

Medicina Forense inhuma 25 cuerpos no reclamados en la capital

Este sábado, las autoridades de Medicina Forense procedieron a la inhumación de 25 cuerpos que permanecían en calidad de desconocidos en la morgue judicial de Tegucigalpa.

La ceremonia se realizó en un camposanto de la capital, donde un padre ofició una misa en memoria de las víctimas, pidiendo por el descanso eterno de quienes, pese a no haber sido identificados ni reclamados por sus familias, reciben finalmente sepultura digna.

De acuerdo con los registros de Medicina Forense, entre los restos se encontraban fetos, recién nacidos, así como hombres y mujeres adultos.

Ninguno de ellos pudo ser identificado, pese a los procesos técnicos que incluyen huellas dactilares, estudios odontológicos, análisis antropológicos y pruebas de ADN.

Las autoridades explicaron que antes de proceder con las inhumaciones se agotaron todas las instancias posibles para la identificación y entrega de los cuerpos.

Sin embargo, ante la falta de reclamo de familiares, se siguió el protocolo establecido en la Ley de Inhumaciones, que contempla sepulturas colectivas y controladas en fosas comunes, siempre bajo registro fotográfico y documental.

El fenómeno de los cuerpos no reclamados refleja, según expertos en temas sociales, una dura realidad que afecta a muchas familias hondureñas.

En algunos casos se trata de migrantes indocumentados, personas en situación de calle, víctimas de violencia sin registros claros de identidad, o menores cuyos padres nunca acudieron a reclamarlos.

Aunque el acto de sepultura es sobrio y breve, constituye un cierre para los procedimientos médico-legales y una forma de dignificar la memoria de estas personas.

“Se hace con respeto, con oración y con el registro correspondiente, para que si en un futuro se requiere una identificación, exista la posibilidad de hacerlo”, indicó una fuente del Ministerio Público.

Cada cierto tiempo, la morgue de Tegucigalpa se ve obligada a realizar estas inhumaciones masivas, debido a la acumulación de cuerpos no identificados y no reclamados.

El espacio en los cuartos fríos es limitado y debe garantizarse disponibilidad para nuevos ingresos, lo que hace inevitable que los restos no reclamados sean trasladados a fosas comunes.

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