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martes, febrero 27, 2024

Mancha mongólica, sangre y genes

El estrecho de Beringia se congeló hace milenios y los habitantes del este de Asia lo atravesaron y rápidamente se asentaron en Abya Yala (tierra en madurez, hoy América), bajaron por las montañas rocosas, continuaron por la sierra madre mexicana, istmo de Tehuantepec, cordilleras centroamericanas, hasta llegar Ushuaia. Hace 19,000 años aproximadamente, llegaron los primeros asiáticos a América. Los diferentes grupos étnicos de las actuales repúblicas de Mongolia, Rusia y la República Popular China, iniciaron las primeras migraciones a estas tierras, hecho que casi nadie recuerda.

Esa migración, después de tantísimos años, ha dejado huellas que han quedado marcadas de forma indeleble en los genes de los habitantes de América. Una señal muy conocida es la melanocitosis dérmica congénita, vulgarmente llamada “mancha mongólica” una especie de lunar de color azul ubicado en la espalda baja de los bebés principalmente.  La marca es dominante entre los pueblos del norte, este, sureste y centro de Asia, en los indígenas de Oceanía (micronesios y polinesios), en ciertas poblaciones de África, nativos americanos, latinoamericanos no europeos, caribeños de origen mestizo y turcos. Está presente en alrededor del 80 %​ de los niños asiáticos y entre el 80 % al 85 % de los nativos americanos. Aproximadamente el 90 % de los polinesios y micronesios nacen con nevus gris pizarra, como también es conocida, al igual que el 46 % de los niños no nativos en América Latina, 10 % de caucásicos y judíos; la “marca” indica una ascendencia no europea.

Hoy en día, es aceptado que la mayor parte de la población de México y América latina posee esa marca. Según el Instituto Mexicano de la Seguridad Social (IMSS) alrededor de la mitad de los niños recién nacidos tienen marca mongólica. Si vemos la huella en nuestros bebés, con casi con total seguridad podemos afirmar que estamos hablando de un portador de genes asiáticos.

La marca es familiar en los mayas de Yucatán, es conocida como “uaj”, y termina por desaparecer del cuerpo del menor alrededor de los 10 años. Es un marcador genético propio del grupo mongólico tardío, transmitido por herencia, según los científicos. Cuando se aprecia la distribución de “uaj” en un mapa, aparece en el 75 % de la población maya y es coincidente con la densidad de ésta en Mongolia, sureste y costa oriental de Asia, la Polinesia y resto de América.

Recientemente, un amigo cercano se hizo un estudio genético para ver la procedencia de sus genes y se encontró con una gran sorpresa, compartía genética con personas de lugares insospechados. La distribución genética de Juan es la siguiente: 42 % indígena latinoamericano, 32 % español ibérico, 10 % Guam (micronesia) y 6 % nigeriano… un verdadero cóctel genético, cuatro continentes expresados en un ser humano… También me comentó que la mancha la tenían todos sus hermanos al nacer.

Paralelamente a este curioso evento, la sangre también deja su huella en el continente americano. El tipo de sangre “O” positivo o negativo también conocido como tipo “donante universal” va a ser el grupo dominante en el continente, tanto en indígenas como en mestizos. Existen dos teorías sobre la prevalencia de la sangre tipo “O” en indígenas: la primera es la evolutiva que, afirma que la presencia del tipo “O” está motivada por la adaptación genética del ser humano, en su lucha por sobrevivir y superarse en su entorno, la segunda es la teoría genética que postula que el grupo sanguíneo “O” tiene gran prevalencia debido a la endogamia practicaba en grupos cerrados, lo que provoca la transmisión de genes, por generaciones tras generaciones. El 38 % por ciento de la población mundial es portadora de sangre tipo “O”. El grupo sanguíneo más común en China y Mongolia es el tipo “O” portado por un 47.7 % y un 37 % respectivamente, según datos de Cruz Roja.

Los grupos autóctonos americanos en su conjunto representan las poblaciones humanas con mayor presencia del grupo sanguíneo “O” (mayor al 50 %), en ningún otro continente, las poblaciones nativas tienen un porcentaje tan alto de este grupo sanguíneo. El análisis de ADN en sus tres diferentes campos (genética autosomal, mitocondrial y del cromosoma Y) demuestra la cercanía evidente entre los pueblos nativos de América y los asiáticos. Así, encontramos una “alta uniformidad genética” a lo largo del continente, mayor que en cualquier otro. Todo esto lo confirman las teorías del poblamiento de América a partir de las migraciones asiáticas y resto de estudios científicos. En México el 59 % de la población tiene tipo de sangre “O” en Honduras el 57 %, El Salvador 62 %, Perú 70 % y el porcentaje más alto del continente lo encontramos en Ecuador con un 75 % de la población. La mancha mongólica también es una constante en todos estos países.

Ahora bien, si vemos a nuestro alrededor niños o adultos con cabello lacio, cara redonda, ojos oscuros y rasgados, estatura media, mancha mongólica, sangre tipo “O”, pues, son algunos rasgos físicos coincidentes entre americanos y asiáticos; o a lo mejor es más que eso, y yo… no me entero. Una mancha en el cuerpo, la sangre y la genética nos remiten a ese momento, cuando el hombre asiático cruzó el estrecho de Beringia y dijo: “en este lugar me quedo”, este será mi hogar. Los latinoamericanos tenemos muchas cosas en común y estas son algunas. Cuando hablamos de los asiáticos nos referimos a aquellos familiares genéticos que migraron hace mucho a estas tierras. Somos latinoamericanos, somos la suma total.

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