Expertos citados por The Independent señalan que los efectos del ayuno y el entrenamiento varían según el género, tipo de actividad y objetivos personales.
Mientras muchos usuarios reportan mayor claridad mental, control de peso y mejoras metabólicas, entrenar sin comer puede representar riesgos si no se considera la fisiología individual y la intensidad del ejercicio.
La investigadora Stacy Sims indica que el ayuno intermitente puede ser útil en personas inactivas o con enfermedades metabólicas, pero en mujeres que realizan deportes intensos puede afectar la producción de kisspeptina, un neuropéptido clave en la regulación hormonal.
Esto puede causar desequilibrios hormonales, aumento del apetito y menor sensibilidad a la insulina, con mayor riesgo de intolerancia a la glucosa.
En hombres y atletas de resistencia, entrenar en ayunas puede ser seguro bajo ciertas condiciones y contribuir a la quema de grasa y mejora de la sensibilidad a la insulina, aunque la falta de glucógeno puede provocar fatiga y degradación muscular si no se compensa con una alimentación adecuada posterior.
La entrenadora Edwina Jenner recomienda actividades ligeras como yoga o pilates en ayunas, pero advierte que el entrenamiento de fuerza requiere energía suficiente. Entrenar sin comida puede generar cansancio, desmotivación, alteraciones menstruales y mayor grasa abdominal.
Consejos prácticos para entrenar sin riesgos:
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Desayuno ligero: fruta o batido 20–60 minutos antes del ejercicio.
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Desayuno completo: avena, huevos o proteínas combinadas con carbohidratos de absorción lenta, esperar 1–2 horas antes de entrenar.
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Hidratación: agua suficiente antes y durante el entrenamiento; en rutinas intensas, añadir electrolitos.
En resumen, expertos advierten que forzar al organismo con ayuno y ejercicio intenso puede causar fatiga, mareos y desequilibrios hormonales, por lo que lo ideal es adaptar alimentación e hidratación a cada persona y evitar extremos que comprometan la salud.


