El Papa León XIV dirigió la oración del Santo Rosario en el marco del Jubileo de la Espiritualidad Mariana, elevando una ferviente súplica por la paz en el mundo.
Ante la imagen original de la Virgen de Fátima, que peregrina a Roma para esta celebración, el Pontífice exhortó a los fieles a unirse en oración y compromiso activo por la reconciliación entre los pueblos.
“Todos unidos, perseverantes y con un mismo sentir, no nos cansemos de interceder por la paz, don de Dios que debe convertirse en nuestra conquista y nuestro compromiso”, expresó el Papa durante su intervención inicial.
En su saludo introductorio, León XIV invitó a los presentes a dirigir su oración a la Virgen María, “madre amorosa” que protege y guía a los creyentes.
“A ella dirigimos nuestra oración para que conserve en nosotros la imagen de su Hijo y, bajo su protección, vivamos como hermanos y hermanas, llegando a ser así, en un mundo desgarrado por las luchas y las discordias, artesanos de paz”, manifestó el Santo Padre antes de iniciar los Misterios Gozosos.
Una devoción que llama a la compasión y al perdón
Durante la meditación de los misterios, el Papa reflexionó sobre las virtudes humanas y evangélicas de la Virgen María, recordando que su imitación constituye “la más auténtica devoción mariana”.
“Como ella, la primera discípula, supliquemos el don de un corazón que escucha y se vuelve fragmento de un cosmos que acoge. A través de ella, Mujer dolorosa, fuerte y fiel, pidamos que nos alcance el don de la compasión hacia todo hermano y hermana que sufre”, señaló.
León XIV también recordó las palabras de María en el Evangelio: “Hagan todo lo que él les diga” (Jn 2,5), destacando que la Virgen “orienta más allá de sí misma” y conduce al encuentro con Cristo y su Palabra.
“Envaina tu espada”: el llamado a la paz desarmada
En su reflexión central, el Papa evocó el pasaje del Evangelio en el huerto de los olivos: “Envaina tu espada” (Jn 18,11), para subrayar el valor de la paz verdadera.
“Desarma la mano y, antes aún, el corazón. La paz es desarmada y desarmante. No es disuasión, sino fraternidad; no es ultimátum, sino diálogo. No llegará como fruto de victorias sobre el enemigo, sino del sembrar justicia e intrépido perdón”, afirmó.
El Pontífice dirigió además un mensaje a los líderes del mundo: “¡Tengan la audacia de desarmarse!”, y recordó a los fieles que la paz comienza en el interior de cada persona. “Lo primero que hay que desarmar es el corazón, porque si no hay paz en nosotros, no daremos paz”, insistió.


