A lo largo de 2025, Honduras enfrentó un crecimiento sostenido de estafas que dejaron de ser hechos aislados para convertirse en un problema recurrente.
Falsas inversiones, delitos digitales y redes organizadas provocaron pérdidas económicas, afectaciones sociales y una creciente desconfianza entre la población.
Uno de los casos más emblemáticos fue el colapso de Inversiones Koriun, un esquema de tipo piramidal que prometía ganancias rápidas y sostenía su operación con el dinero de nuevos aportantes.
En municipios como Choloma, la caída del sistema dejó familias endeudadas, pequeños negocios quebrados y una sensación generalizada de engaño.
Mientras estos esquemas tradicionales colapsaban, las estafas digitales avanzaron en silencio.
Durante el año se dispararon las denuncias por fraudes cometidos a través de redes sociales, mensajería instantánea y plataformas falsas, con métodos como suplantación de identidad, enlaces maliciosos y promociones engañosas.
Otro golpe significativo fue la desarticulación de una red criminal que drenó fondos de clientes de una cooperativa en San Pedro Sula.
El esquema operó aprovechando fallas tecnológicas, permitiendo transacciones invisibles que vaciaron cuentas bancarias sin advertencias previas.
Las cifras oficiales confirmaron la magnitud del problema, con miles de denuncias registradas por la Dirección Policial de Investigaciones durante 2025.
Para las autoridades, el reto fue responder a un delito cambiante, mientras quedó en evidencia que las estafas avanzaron más rápido que la prevención y la capacidad institucional.
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