La plaga del gusano barrenador (Cochliomyia hominivorax) ha resurgido con fuerza en América Central y ya representa una seria amenaza para la salud humana y animal.
Tras varias décadas bajo control, los brotes de miasis, enfermedad provocada por este parásito, se han multiplicado con cientos de casos en personas y decenas de miles en el ganado, generando alarma en la región.
El insecto, conocido también como “mosca del Nuevo Mundo”, deposita sus huevos en heridas o mucosas de animales y humanos.
Las larvas se alimentan del tejido vivo, causando dolor, infecciones graves e incluso la muerte en casos severos.
Expertos subrayan que la enfermedad está ligada a la falta de higiene, pobreza y condiciones precarias de salubridad, lo que incrementa su propagación.
Los síntomas en humanos incluyen fiebre, dolor, supuración y presencia de larvas en la zona afectada. Aunque las muertes son poco frecuentes, los especialistas advierten que la infestación puede volverse peligrosa si afecta órganos delicados.
En animales, la plaga ocasiona pérdidas económicas significativas, especialmente en la ganadería.
Datos recientes revelan que desde 2022 se han registrado casi 50,000 casos en Panamá, mientras que en 2025 se reportan 166 contagios en Honduras, 117 en Nicaragua y decenas más en otros países.
México calcula pérdidas de 30 millones de dólares mensuales por restricciones a la exportación de ganado hacia Estados Unidos.
Para frenar la expansión, los gobiernos aplican estrategias como la liberación de moscas macho esterilizadas, lo que reduce la reproducción del parásito.
Sin embargo, los expertos insisten en que la prevención, el control sanitario y la atención temprana a las heridas son claves para evitar que esta plaga siga afectando la salud y la economía regional.
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