Charlie Chaplin decía que: –mensaje de la amiga de la crítica literaria– «La vida es como una obra de teatro, pero ‘sin ensayos’”. “Así que canta, llora, baila, ríe y vive antes de que baje el telón y la obra termine sin aplausos”. Ulises en su viaje en la Odisea de Homero, al rechazar la vida eterna que le propone Calipso, ya que no busca una espiritualidad religiosa ni una salvación eterna, actúa como un griego (muy diferente a los cristianos después) enseñando que hay que aceptar la muerte para llegar a lo que llaman, en filosofía, «la vida buena de calidad». “Su anhelo es regresar a su orden cósmico (a Ítaca) a pesar de la propuesta de Calipso, la cual fue su amante durante 7 años y que tanto anhela guardarlo”. “Poseidón, como dios griego, está al antípoda del humanismo cristiano”. “Poseidón quiere que Ulises (que mató a su hijo Polifemo, un cíclope) pierda el sentido de su vida, que se pierda y que olvide su pasado”. “Es la primera espiritualidad laica en Europa y la base de la filosofía”. “El Sisimite y Winston entienden las tramas del mundo y con sabiduría aceptan su condición de mortal”. “No obstante, la vida del cristiano podría considerarse un ensayo a la vida eterna prometida y una apertura a su excelente editorial de hoy”. (Hay un bello poema de Konstantino Kavafis, “Camino a Ítaca”: “Cuando te encuentres de camino a Ítaca,/ desea que sea largo el camino,/ lleno de aventuras, lleno de conocimientos./ A los lestrigones y a los cíclopes,/ al enojado Poseidón no temas,/ tales en tu camino nunca encontrarás,/ si mantienes tu pensamiento elevado, y selecta/ emoción tu espíritu y tu cuerpo tienta./ A los lestrigones y a los cíclopes,/ al fiero Poseidón no encontrarás,/ si no los llevas dentro de tu alma,/ si tu alma no los coloca ante ti./ Desea que sea largo el camino./ Que sean muchas las mañanas estivales/ en que con qué alegría, con qué gozo/ arribes a puertos nunca antes vistos,/ detente en los emporios fenicios,/ y adquiere mercancías preciosas,/ nácares y corales, ámbar y ébano,/ y perfumes sensuales de todo tipo,/ cuantos más perfumes sensuales puedas,/ ve a ciudades de Egipto, a muchas,/ aprende y aprende de los instruidos./ Ten siempre en tu mente a Ítaca./ La llegada allí es tu destino./ Pero no apresures tu viaje en absoluto./ Mejor que dure muchos años,/ y ya anciano recales en la isla,/ rico con cuanto ganaste en el camino,/ sin esperar que te dé riquezas Ítaca./ Ítaca te dio el bello viaje./ Sin ella no habrías emprendido el camino./ Pero no tiene más que darte./ Y si pobre la encuentras, Ítaca no te engañó./ Así sabio como te hiciste, con tanta experiencia,/ comprenderás ya qué significan las Ítacas”).
La vieja amiga de la familia: “Qué editorial, “Broma Celestial”, más bello para leerlo y releerlo. Cómo quisiera que mil y más personas lo leyeran. Es que es una pieza literaria de las más bellas que ha escrito. Qué facilidad para encontrar las palabras, las frases elegantes y que encierran tanta sabiduría. Tiene que haber leído y estudiado mucho. Es usted un libro abierto, en el que cada capítulo, es un relato de tantas cosas vividas, enseñanzas, afectos, ejemplos, errores… Siempre habrá quien escriba bello, pero también habrá quien lo lea y se deleite”. “No me canso de leerlo y admirarlo… Siga escribiendo”. El compañero constituyente: “Lo que nos resta por andar, es mucho menos de lo que ya hemos recorrido. Y por lo que ya hemos andado se puede colegir como será el resto. Por momentos me siento muy solo y falto de amor. Pero, aun así, no me rindo y sigo concibiendo planes que ignoro si los concluiré, a lo mejor sí, a lo mejor no. Lo más seguro es que no. Sin embargo, lo poco que he hecho me dice que no lo he hecho tan mal, principalmente cuando en mis correrías y aun con mi aspecto envejecido se me aproxima un o una correligionaria y me dice: Abogado, quiero tomarme una foto con usted para promocionar mi imagen. Este gesto es mi mejor regalo y reconocimiento que se me pueda hacer. Tu editorial de hoy me ha tocado el corazón. Es de lo mejor, entre tantos otros buenos, que has escrito. Pero tú ya eres inmortal, por muchos recuerdos que jamás se podrán borrar de la mente de todo un país. Y serás mencionado en las escuelas por tus frutos, a la semejanza de otros grandes, que en los libros de lectura con los que los maestros nos enseñaron a leer sus biografías, en ellos constaban como un recuerdo eterno de sus laboriosas vidas”. (¿Y vos –tercia el Sisimite– entendiste que Ítaca solo es lo que nos enriquece a través de la experiencia acumulada en el trayecto, no lo que encontramos al llegar al destino final? -Por supuesto –ironiza Winston– intuyo lo que te ha tocado pasar para llegar hasta lo empinado de estos encumbrados montes hondureños. Yo no salgo de Tegucigalpa, y el único viaje que hago es cuando me escapo de la casa, a platicar con vos hasta la extraviada madriguera tuya acá en la reposada tranquilidad de la montaña. Pero, andando este peregrino camino –lo que me toca llegar hasta acá– intuyo que lo hermoso no es arribar a la oscura cavidad de tu cueva, sino trepando por la vereda, olfatear la embriagadora fragancia de la vida silvestre, respirar el aire puro como bálsamo a los sentidos, y maravillar la vista en la ubérrima belleza de la naturaleza).


