La única iglesia católica de la Franja de Gaza, la Iglesia de la Sagrada Familia, fue alcanzada este jueves por un ataque que dejó al menos dos personas muertas y seis heridas.
El hecho fue confirmado por el Patriarcado Latino de Jerusalén, que denunció los hechos y pidió el respeto a los lugares sagrados.
El ataque ocurrió alrededor de las 10:10 de la mañana, en una zona del norte de Gaza severamente castigada por los bombardeos en los últimos días.
Según informó Cáritas Jerusalén, un tanque israelí habría disparado directamente contra la parroquia, provocando una explosión en las inmediaciones de la cruz del templo. Metralla y escombros cayeron en el patio donde se encontraban civiles desplazados.
Una comunidad bajo fuego
La parroquia de la Sagrada Familia funcionaba como refugio humanitario, albergando a cerca de 600 personas desplazadas, en su mayoría cristianos, pero también familias musulmanas, personas con discapacidad, niños y ancianos que habían perdido sus hogares a causa del conflicto.
Entre los heridos se encuentran dos ancianas que participaban en actividades psicosociales de Cáritas, tres jóvenes que se encontraban cerca de la entrada del templo, y un niño con discapacidad, todos trasladados al hospital Al-Ahli. Dos de los heridos permanecen en estado crítico.
Inicialmente, el Patriarcado informó de varios heridos, incluido el padre Romanelli, quien sufrió lesiones leves y fue atendido en un centro de salud. Más tarde, la institución eclesiástica confirmó el fallecimiento de un hombre y una mujer, ambos refugiados en la iglesia.
“Rezamos por el descanso de sus almas y por el fin de esta guerra salvaje. Nada puede justificar los ataques contra civiles inocentes”, expresó el Patriarcado en su segundo comunicado del día.
Reacciones internacionales
Desde el Vaticano, el Papa León XIV expresó su “profunda tristeza” por el ataque y renovó su llamado a un cese del fuego inmediato.
En un telegrama firmado por el cardenal Pietro Parolin, el pontífice manifestó su solidaridad espiritual con el padre Romanelli y toda la comunidad afectada.
“La Santa Sede reafirma su esperanza de una paz duradera basada en el diálogo y el respeto a la vida y los lugares sagrados”, indicó el comunicado vaticano.
En Europa, la primera ministra italiana Giorgia Meloni responsabilizó directamente al gobierno israelí por el bombardeo.
“Los ataques contra la población civil que Israel viene demostrando desde hace meses son inaceptables. Ninguna acción militar puede justificar tal actitud”, señaló.
Posición de Israel
Por su parte, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) reconocieron estar “al tanto” del incidente y anunciaron una investigación oficial para esclarecer los hechos.
En un comunicado, Tel Aviv aseguró que sus tropas “no atacan iglesias ni sitios religiosos” y lamentó cualquier daño a estructuras civiles.
“Las FDI hacen todos los esfuerzos posibles para mitigar los daños a civiles y lugares religiosos. Lamentamos cualquier daño causado involuntariamente”, agregó el Ministerio de Relaciones Exteriores israelí, que prometió publicar los resultados de la investigación “de forma transparente”.
Un símbolo bajo amenaza
La Iglesia de la Sagrada Familia, ubicada en el norte de Gaza, era el único templo católico en todo el territorio palestino, y su destrucción parcial ha causado conmoción en diversas comunidades religiosas.
El recinto no sólo tenía un valor espiritual, sino también social, al haberse transformado en un centro de protección y asistencia humanitaria desde el inicio de la ofensiva.
Según datos de la Autoridad Nacional Palestina, más de 800 mezquitas han sido destruidas en lo que va de 2024 por ataques del ejército israelí. La iglesia representaba uno de los últimos refugios interreligiosos en Gaza.
Vínculo con el Vaticano
El sacerdote Gabriel Romanelli mantenía contacto frecuente con el Papa Francisco, quien incluso en entrevistas pasadas reveló que hablaba diariamente con él.
Romanelli había reiterado en varias ocasiones que la iglesia acogía a todos los necesitados, sin importar su fe, y que su prioridad era salvar vidas y brindar consuelo espiritual y físico.
En este contexto, organizaciones como Cáritas han renovado su llamado a respetar los espacios de ayuda humanitaria y recordaron que atacar civiles o refugios constituye una violación grave del derecho internacional humanitario.
“Dañar o poner en peligro a los civiles que buscan refugio constituye una grave violación del derecho internacional y una agresión directa a la dignidad humana”, advirtió Anton Asfar, director de Cáritas Jerusalén.
La comunidad cristiana, una de las más pequeñas y vulnerables en Gaza, sufre hoy una nueva herida, en un conflicto que parece no tener fin. La iglesia, que una vez fue refugio, hoy se convierte en símbolo de la fragilidad de la paz.
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