A pocos días de las elecciones generales del 30 de noviembre, Honduras entra en su etapa decisiva rumbo a las urnas.
En medio de la tensión política, la esperanza y la incertidumbre, una cifra llama a la reflexión: 266 lempiras.
Ese es el costo que el Estado asume por cada ciudadano habilitado en el padrón electoral para garantizar el funcionamiento de la democracia.
El Consejo Nacional Electoral (CNE) oficializó a inicios de octubre el padrón definitivo, con 6,522,577 hondureños convocados a votar, incluyendo casi medio millón que reside en el extranjero.
Para organizar las elecciones, el Congreso aprobó un presupuesto de 1,737 millones de lempiras, destinados a logística, seguridad, tecnología y personal, que, al dividirse entre los ciudadanos, arroja el mencionado costo por persona.
Para el sociólogo Marco Tinoco, de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), esta cifra refleja un mensaje clave: “La democracia es costosa porque requiere formación ciudadana”.
Tinoco subraya que, pese a las dificultades, Honduras mantiene uno de los sistemas democráticos más estables de Centroamérica, aunque esta estabilidad se ve amenazada por un enemigo silencioso: el abstencionismo.
Según el Centro de Estudios para la Democracia (CESPAD), la abstención supera con frecuencia el 40 % del padrón, motivada por la desconfianza en los partidos, el desencanto ante la falta de soluciones y la sensación de que “nada cambia” gane quien gane.
El economista Henry Rodríguez, también de la UNAH, advierte que además del presupuesto electoral, existe la deuda política, que entrega 45 lempiras por cada voto recibido por los partidos. Cada abstención representa, por tanto, una inversión pública desaprovechada.
Los especialistas coinciden en que la responsabilidad histórica recae sobre los ciudadanos. No se trata de simpatizar con un partido, sino de convertir la inversión millonaria del Estado en valor democrático.
Participar en las elecciones es garantizar que los recursos destinados a la democracia tengan impacto; abstenerse significa permitir que se pierda ese esfuerzo.
En este contexto, la invitación es clara: el 30 de noviembre, vote y haga que cada lempira invertido cuente.


