Dos primas, identificadas como Jenifer Archaga Reyes y Alejandra Reyes, fueron encontradas sin vida este domingo en el municipio de Sulaco, departamento de Yoro, tras presentar múltiples heridas provocadas por arma de fuego, informaron fuentes policiales.
De acuerdo con versiones preliminares, ambas jóvenes habían sido reportadas como desaparecidas durante la mañana del mismo domingo, luego de que sujetos desconocidos las sacaran por la fuerza con rumbo a la aldea San Antonio, ubicada en el mismo municipio.
Horas después, sus cuerpos fueron localizados en dicha comunidad con varios impactos de bala. Hasta el momento, las autoridades no han confirmado la edad de las víctimas.
Al lugar del hallazgo se desplazaron agentes de la Policía Nacional y personal de investigación, quienes realizaron el levantamiento cadavérico e iniciaron las diligencias correspondientes para esclarecer el doble crimen, identificar a los responsables y determinar el móvil del ataque.
Hasta ahora, las autoridades no han brindado información oficial sobre posibles sospechosos ni sobre las circunstancias exactas que rodearon el hecho, mientras continúan las investigaciones.
Este crimen se suma a la creciente ola de violencia que afecta al departamento de Yoro, una de las zonas que en los últimos años ha registrado elevados índices de homicidios, desapariciones y hechos vinculados a estructuras criminales.
Municipios como El Progreso, Olanchito, Sulaco y Yorito han sido escenario recurrente de muertes violentas, muchas de ellas perpetradas con armas de fuego.
Según datos del Sistema Estadístico Policial en Línea (Sepol), durante el año 2025 se contabilizaron 2,331 homicidios a nivel nacional. Entre los departamentos más afectados figuran Francisco Morazán, Cortés, Yoro, Olancho, Comayagua, Colón, Atlántida, Copán, Lempira y Santa Bárbara, lo que evidencia la persistencia de la violencia en diversas regiones del país.
Organizaciones defensoras de derechos humanos y sectores comunitarios han advertido que la impunidad, la presencia del crimen organizado y la circulación ilegal de armas continúan alimentando la inseguridad, especialmente en zonas rurales como Yoro, donde la población exige mayor presencia policial y acciones concretas para frenar los hechos violentos.


