«Flow» ha irrumpido en la escena cinematográfica, no solo por su calidad artística, sino por su innovador modelo de producción.
La película, desarrollada durante cinco años y medio, utilizó el software de código abierto Blender, una alternativa gratuita a programas costosos como Maya.
Este enfoque revolucionario permitió al director Gints Zilbalodis trabajar con un equipo reducido de máximo diez personas y un presupuesto de apenas 3.5 millones de euros (menos de 4 millones de dólares).
Un contraste abismal:
La diferencia presupuestaria es evidente al comparar «Flow» con producciones de grandes estudios como «Intensa-Mente 2» de Pixar (200 millones de dólares) y «Robot salvaje» de DreamWorks (78 millones de dólares).
A pesar de esta disparidad, «Flow» logró el reconocimiento de la Academia, obteniendo el Oscar a la mejor película de animación.
Un nuevo paradigma:
Si bien es prematuro afirmar que Blender se convertirá en el estándar de la industria, «Flow» demuestra que existen modelos de producción alternativos y viables.
La película abre la puerta a la reducción de costos sin sacrificar la calidad, desafiando la dependencia de grandes ingresos en taquilla para garantizar el éxito.
El origen de «Flow»:
El concepto de «Flow» tiene sus raíces en «Aqua», un cortometraje que Zilbalodis realizó en 2012, cuando aún era estudiante de preparatoria.
Este corto, disponible gratuitamente en YouTube, revela las similitudes temáticas y estilísticas que se desarrollaron en su aclamado largometraje.
Un llamado a la innovación:
«Flow» es un testimonio del talento y la creatividad que pueden florecer fuera de los esquemas tradicionales de la industria.
La película invita a reflexionar sobre el potencial del software libre y la producción independiente en el mundo de la animación.