Francis Clifford Smith, quien pasó más de siete décadas encarcelado en Estados Unidos y llegó a recibir en ocho ocasiones una fecha para su ejecución, murió a los 101 años mientras dormía en una residencia especializada de Connecticut.
Smith había sido condenado a muerte en 1950, cuando tenía 25 años, por el asesinato de Grover Hart, un vigilante nocturno de un club náutico de Connecticut. Hasta el final de su vida sostuvo que era inocente.
Su caso estuvo marcado por cuestionamientos a las pruebas que llevaron a su condena. Con el paso de los años, algunos testigos se retractaron de sus declaraciones y otro recluso llegó a confesar el crimen.
Incluso uno de los agentes que participó en su interrogatorio manifestó posteriormente dudas sobre la responsabilidad de Smith.
Según testimonios citados por medios estadounidenses, el mayor Leo Carroll llegó a señalar ante la Junta de Indultos que ni siquiera estaba seguro de que Smith hubiera estado presente durante el asesinato.
Las dudas sobre el caso hicieron que varias ejecuciones fueran suspendidas. Finalmente, en 1954, la sentencia de muerte fue conmutada por cadena perpetua.
Más de 70 años tras las rejas
Smith permaneció encarcelado durante más de 70 años, aunque tuvo algunos breves períodos fuera de prisión. En 1967 escapó y fue localizado 12 días después, mientras que en 1974 obtuvo autorización para pasar la Nochebuena fuera del centro penitenciario y regresó al día siguiente.
En 1975 consiguió la libertad condicional, pero permaneció libre alrededor de 10 meses antes de ser detenido por un caso de hurto menor y posesión de un arma, lo que supuso una violación de las condiciones impuestas.
Posteriormente rechazó varios intentos de obtener nuevamente la libertad condicional. No fue hasta 2020 cuando recibió una libertad supervisada y fue trasladado a una residencia para adultos mayores vinculada al sistema penitenciario.
Durante sus años en la prisión de Osborn, Smith también desarrolló una particular relación con los pájaros. El exoficial de información pública del Departamento Correccional de Connecticut, Andrius Banevicius, relató que el recluso escondía pan entre su ropa para alimentar a las aves.
Esta costumbre le valió el apodo de «El hombre de los pájaros de Osborn».
Una vejez entre cuidados especializados
En sus últimos años, Smith necesitó atención médica especializada y cuidados de larga duración. Fue uno de los primeros internos en recibir asistencia mediante un programa enfocado en la atención de personas privadas de libertad con necesidades médicas complejas.
David Skoczulek, portavoz del centro 60 West, donde Smith pasó sus últimos años, confirmó que falleció mientras dormía en junio y posteriormente fue incinerado.
«En esencia, murió de vejez», explicó Skoczulek, quien aseguró que el centro procuró que sus últimos días transcurrieran de manera digna y respetando sus deseos.
El caso de Smith también refleja el creciente envejecimiento de la población penitenciaria en Estados Unidos. Investigaciones recientes han advertido que el número de personas de 55 años o más encarceladas aumentó de manera considerable durante las últimas décadas.
Especialistas han planteado alternativas como la libertad condicional y las liberaciones por razones humanitarias para determinados presos de edad avanzada, debido a las mayores necesidades médicas y de cuidado que enfrentan.
Además, expertos señalan que permanecer durante largos períodos en prisión puede acelerar el deterioro físico y cognitivo. En el caso de Smith, sus últimos años estuvieron marcados por problemas asociados con la edad.
A más de siete décadas de su condena, Francis Clifford Smith murió sin haber sido ejecutado y después de convertirse en uno de los presos más longevos de Estados Unidos.
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