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miércoles, julio 24, 2024

Exterminio de peces ¿quién sigue después?

¿Sabía que los océanos y los bosques son los pulmones de nuestro planeta? Aunque los bosques son vitales, los océanos producen más oxígeno. En los últimos años hemos visto cómo miles de peces mueren a causa de la contaminación que hay en el agua. Las algas marinas generan más del 50 % del oxígeno que respiramos. Las algas, especialmente las microscópicas conocidas como fitoplancton, son extremadamente eficientes en la fotosíntesis, convirtiendo el dióxido de carbono en oxígeno a un ritmo impresionante. Este proceso no solo es vital para la producción de oxígeno, sino también para la regulación del clima global y la cadena alimentaria marina (Greenpeace, 2024).

Ignoramos mucho acerca de nuestro hábitat, conocemos más acerca de tecnología, el último celular que acaba de salir, la realidad aumentada, robótica, viajes exploratorios al espacio, pero no existe una conciencia colectiva del grave daño que hacemos a nuestro hogar, el planeta azul o Tierra.

Nos sorprende ver la mortandad masiva de peces, algunas personas se preguntan qué está pasando, pero otras lo pasan por desapercibido, según ellos esto es un problema lejano o que les interesará cuando ocurra en su círculo vital inmediato. Según los expertos, la muerte de los peces se puede producir de manera natural, pero ellos indican que esto ha empeorado por culpa del ser humano o causas antropogénicas, los estamos asfixiando y envenenando (National Geographic, 2023).

Sumado a esto que cada año millones de toneladas de plástico llegan a los océanos, afectando gravemente la vida marina. Los animales marinos confunden el plástico con comida, lo que provoca la muerte de muchas especies. Además, el plástico en los océanos libera gases de efecto invernadero cuando se descompone, contribuyendo al calentamiento global y empeorando el cambio climático. Este ciclo dañino no solo amenaza la biodiversidad marina, sino que también impacta la producción de oxígeno, esencial para todas las formas de vida en la Tierra (Greenpeace, 2024).

La situación en la Barra del Motagua en Honduras es un ejemplo claro de cómo la contaminación plástica no respeta fronteras y requiere acuerdos mundiales para ser resuelta. El plástico arrastrado desde Guatemala ha convertido esta área en un vertedero, afectando la economía local, la salud pública y el medio ambiente.

Consumimos plástico porque es una parte integral del sistema de empaque actual. En el pasado, se utilizaba mucho el vidrio y, si retrocedemos a las culturas ancestrales, se empleaban materiales naturales como las hojas de plátano o banano para el empaquetado. Sin embargo, hemos llegado a un punto en el que el uso excesivo del plástico ha convertido los océanos en vertederos. Esta situación es como un boomerang: tarde o temprano, la contaminación por plásticos afectará la producción de oxígeno y, por ende, a todas las especies, incluida la humana.

Aunque los consumidores pueden adoptar buenas prácticas, el verdadero cambio debe comenzar con el empaquetado. Es necesario desarrollar y utilizar alternativas amigables con el medio ambiente que no perjudiquen la vida marina. Aunque estas alternativas suelen ser costosas al inicio, a medida que su uso se masifique, deberán reemplazar al plástico.

Para reducir nuestra dependencia del plástico y salvar el planeta, necesitamos un combo de estrategias bien pensadas. Primero, los gobiernos deben implementar reglas claras que prohíban ciertos tipos de plásticos y promuevan opciones más ecológicas. Esto debe ir de la mano con invertir en investigación para crear nuevos materiales y empaques que sean amigables con el medio ambiente y accesibles para todos.

La educación y la concienciación son clave para cambiar nuestros hábitos. Debemos informar a todos sobre los impactos negativos del plástico y fomentar prácticas sostenibles. Los océanos son cruciales para nuestra supervivencia, y su protección debe ser una prioridad global. Reducir el uso de plástico y fomentar el reciclaje no son solo acciones individuales, sino compromisos colectivos que cada país debe asumir.

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