Estados Unidos continúa reforzando su presencia militar cerca de las costas de Venezuela. Este domingo, el Grupo Anfibio de Despliegue, encabezado por el buque de asalto anfibio USS Iwo Jima, zarpó desde la base naval de Norfolk.
A la flota se unieron el USS San Antonio y el USS Fort Lauderdale, además de destructores Arleigh Burke, equipados con misiles Tomahawk y el sistema de defensa Aegis.
De acuerdo con medios especializados, el USS San Antonio partió primero con aeronaves MV-22 Osprey a bordo, mientras CNN reportó que la 22 Unidad Expedicionaria de Marines también será desplegada en la región.
El Pentágono estima que unos 4,000 marines podrían ser enviados como parte de la operación, oficialmente justificada como un esfuerzo para frenar el narcotráfico.
Sin embargo, desde Caracas se interpreta el movimiento como un intento de cambio de régimen para remover a Nicolás Maduro del poder.
La Casa Blanca insiste en que el líder venezolano no es un presidente legítimo, sino un fugitivo de la justicia estadounidense acusado de encabezar el Cártel de los Soles, señalado por delitos de narcotráfico y terrorismo.
La presión internacional se suma a la soledad interna que enfrenta Maduro. Aunque el mandatario llamó a la movilización de más de 4.5 millones de milicianos bolivarianos, los centros de inscripción en Venezuela permanecieron prácticamente vacíos durante el fin de semana, evidenciando el escaso respaldo popular.
Con la recompensa de 50 millones de dólares sobre su cabeza y un despliegue militar en marcha, el aislamiento del mandatario venezolano parece profundizarse tanto en el exterior como dentro de su propio país.
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