El próximo domingo 8 de marzo, los ciudadanos de Estados Unidos deberán adelantar sus relojes una hora, marcando el inicio del horario de verano (Daylight Saving Time, DST).
Este cambio significa que a las 2:00 a.m. del domingo, los relojes deberán moverse una hora hacia adelante, generando un día más corto pero con más luz natural en las tardes.
El principal objetivo del horario de verano es aprovechar mejor la luz del sol durante los meses más cálidos, reduciendo así la necesidad de iluminación artificial en la tarde y, en teoría, contribuyendo a un ahorro de energía.
Esta práctica comenzó en Estados Unidos durante la Primera Guerra Mundial, se suspendió y luego se adoptó de manera más generalizada durante la Segunda Guerra Mundial y la crisis energética de los años 70. Hoy en día, más de 70 países aplican algún tipo de ajuste horario estacional.
Además del ahorro energético, el cambio busca incrementar el tiempo de actividad al aire libre, fomentar el comercio y el turismo, y mejorar la seguridad vial, ya que se reduce la cantidad de accidentes durante las horas de luz diurna.
Sin embargo, los expertos advierten que el cambio de hora también puede afectar el sueño, generar fatiga temporal y alterar los ritmos biológicos, especialmente en las primeras semanas tras el ajuste.
Es importante que los ciudadanos ajusten todos sus dispositivos electrónicos y relojes manuales antes del domingo 8 de marzo para evitar confusiones con citas, transportes y horarios laborales.
El horario de verano se mantendrá hasta noviembre, cuando se realizará el ajuste inverso y se regresará al horario estándar.


