Un silencio desolador envuelve este martes al Mercado Medina. A menos de 24 horas del voraz incendio que consumió casi en su totalidad los puestos comerciales, el lugar ofrece una escena devastadora: estructuras colapsadas, techos retorcidos, mercancía calcinada y cenizas que aún conservan el olor a humo y pérdida.
Las imágenes del día después reflejan la magnitud del desastre. Donde antes había movimiento, comercio y sustento para decenas de familias, hoy solo quedan restos ennegrecidos y pasillos irreconocibles. Comerciantes caminan entre los escombros intentando identificar lo que alguna vez fue su negocio, rescatando lo poco que el fuego permitió salvar.
Algunos locatarios, con herramientas improvisadas y acompañados de familiares, trabajan desde tempranas horas retirando láminas y separando objetos parcialmente dañados. El cansancio físico contrasta con el golpe emocional de haber perdido años de esfuerzo en una sola noche.
Las autoridades continúan con la evaluación de daños, mientras se espera un informe oficial sobre las causas del siniestro. Entretanto, la solidaridad comienza a manifestarse entre la comunidad, que observa con tristeza cómo uno de los principales centros comerciales de la zona quedó reducido a cenizas.
El Mercado Medina enfrenta ahora el reto de la reconstrucción, pero sobre todo, el desafío humano de levantar nuevamente la esperanza de quienes dependían de él para vivir.


