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Honduras
sábado, julio 18, 2026

¿El contrapeso?

AL caer la tarde en la empinada cumbre montañosa, el viento soplaba impregnado de olor a café recién molido y a tierra húmeda, regada por las lágrimas del cielo. El Sisimite sentado junto a Winston sobre una roca cubierta de musgo –hojeando en LA TRIBUNA el último editorial– inquiere: -¿Sospecho que si la celebración de los periodistas es de toda la semana, venís a platicar del periodismo para continuar con la serie? Winston: -Pues ni modo. El Sisimite prosigue: Hay gente leída y culta que entiende que aún queda periodismo de verdad. Aquel que no persigue el clic fácil, sino que honra el oficio con temple de hormiga y temperamento de montaña. Dicen que hay medios, viejos como yo, que todavía defienden la estabilidad democrática. Que informar no es solo contar, sino sostener. Yo que habito las nieblas y escucho los rumores que bajan de los pueblos… sé de qué habla ese papel que es más que solo papel. Allá en la liviandad de las ciudades los que pasan metidos en las redes instigando conflicto y confusión creen que la odiosidad se disuelve con el aguacero. Pero no. Las mentiras que ahora viajan por hilos de luz –esas que llaman redes– se pegan a los árboles como lianas venenosas. Multiplican la inquina, tuercen rostros, quiebran instituciones –secan la corteza, como el gorgojo en los pinos– sin que nadie vea el hacha.

Winston: -Así es. Y, sin embargo, el editorial recuerda algo hermoso: durante la crisis de las pasadas elecciones varios medios convencionales no titubearon. Actuaron con visión, preservaron la institucionalidad, la alternancia, la confianza de la gente. Algo que, los jetones, que nada hicieron y nada les cuesta lo ganado en la defensa del sistema, mezquinamente regatean lo que un pueblo agradecido reconoce. Vaya si son desvergonzados, ahora buscan minimizar toda la heroica lucha de las consejeras y de la magistrada ausente, que fueron las que resistieron la embestida, dieron elecciones impecables y protegieron la alternancia dando a tiempo la declaratoria. Sisimite: -Lo vi desde los riscos. Cuando todo era caos y la gente andaba perdida, unos pocos ofrecieron luz. Y no me refiero a ese fuego incendiario que quema, de los pirómanos que quisieron asolar la pradera, sino a esa luz orientadora en la incertidumbre, que se enciende para guiar en la oscuridad del camino, marcando rumbo y destino, evitando caer al barranco. Winston: -Respaldar y patrocinar la prensa convencional es una apuesta democrática. Pero ¿qué hacer de las redes que es pan nuestro de cada día de los iletrados de ahora, y hacia dónde vamos con la inteligencia artificial? El Sisimite contrasta: -La inteligencia artificial no tiene madre ni padre. No conoce el olor del maíz al amanecer ni el murmullo de una madre arrullando a su criatura. Pero puede ser una herramienta buena dependiendo de quien la empuña. Lo mismo que el machete: sirve para cortar leña o para herir.

Winston: -¿Y qué hacer de esa idolatría hipnótica a las pantallas, esa enfermiza adicción a esos chunches que embrutecen? Sisimite: -Eso allí está, es el parque de distracciones de moda para la sed insaciable de entretenimiento de los sin oficio, como una vez lo fue “Six Flags” en Nueva Orleans: hasta que quedó en el abandono severamente dañado por el huracán Katrina. Lo malo no es que haya redes sociales, ni chunches tecnológicos, sino el pésimo uso que los usuarios hacen de ello. Y lo insólito es que haya medios copiadores que opten por la imitación, con ansias de alcanzar a ese frívolo público, y agarren por esos torcidos atajos. El contrapeso es la prensa convencional. Los periódicos históricos –como LA TRIBUNA– que sirven a los cimeros intereses de Honduras; que no se amedrentan ante el ruido perturbador, ni se dejan arrastrar por la turbulenta corriente nociva, ni hipotecan la verdad. Los medios serios y los periodistas juiciosos que no venden su asombro… Así como hay oscuridad de la noche, hay claridad del día. La vida es un recorrido –da a los seres capacidad de elección– que muestra lo malo para que mejor pueda apreciarse lo bueno. Cayó el crepúsculo, con un eco de la tinta resonando a lo lejos, dibujado en la atenta mirada de los montes.

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