El Gobierno de Nasry “Tito” Asfura inicia funciones este martes en un contexto marcado por dos desafíos urgentes: la reactivación económica y el fortalecimiento de la seguridad.
Analistas coinciden en que ambos temas definirán el rumbo de la nueva administración, que hereda un país con altos niveles de pobreza, desempleo e inseguridad, pese a algunos indicadores de mejora en los últimos años.
En el plano económico, especialistas señalan que el desempleo y el subempleo siguen siendo una de las principales preocupaciones.
Aunque cifras oficiales reflejan una reducción en la tasa de desocupación y un aumento de la población ocupada, cerca de tres millones de hondureños continúan sin empleo pleno, lo que impacta directamente en los niveles de pobreza y limita el crecimiento sostenido.
Asfura asume el cargo con una proyección de crecimiento económico del 4 % del PIB para 2026, según el Banco Central de Honduras.
Entre las medidas que se consideran clave están el fortalecimiento de la micro, pequeña y mediana empresa, así como una eventual reducción del tamaño del Estado, una promesa reiterada durante la campaña electoral.
En materia de seguridad, el nuevo Gobierno enfrenta el reto de combatir el narcotráfico, las pandillas y la extorsión.
Honduras sigue siendo un país de tránsito de drogas y las estructuras criminales mantienen un alto poder operativo, superando en muchos casos la capacidad de respuesta de las fuerzas de seguridad nacionales.
Asfura inicia su mandato tras el fin del estado de excepción implementado por la administración anterior, una medida que logró reducir la tasa de homicidios, pero que fue cuestionada por no frenar otros delitos y por denuncias de violaciones a los derechos humanos.
Analistas advierten que los primeros 100 días serán clave para generar confianza ciudadana y demostrar que habrá cambios reales en la gestión pública.
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