El cierre del año suele llegar acompañado de una carga emocional y una sobreexigencia que para muchas personas resulta agobiante.
Las últimas semanas de diciembre concentran desafíos simultáneos que generan más tensión que celebración: balances personales, compromisos laborales y sociales, duelos y el mandato de “ser felices” durante las fiestas.
El psicólogo especialista en adolescencia y familias Alejandro Schujman explicó que diciembre “lleva toda una carga emocional, que es totalmente opuesta a la energía que las personas tienen en esta época, justamente porque estamos al final de un ciclo”.
Señaló que la sociedad impulsa un ritmo acelerado mientras el cansancio físico y mental domina la escena.
A esto se suma la preparación de las Fiestas, que moviliza emociones relacionadas con ausencias, pérdidas y conflictos familiares, aumentando la presión sobre quienes no encajan con el modelo tradicional. “Si estás solo en la fiesta, el mensaje implícito es que fracasaste”, ejemplificó Schujman.
Por su parte, la psicóloga María Fernanda Giralt Font, jefa del Departamento de Psicoterapia de INECO, destacó que diciembre concentra el cierre de ciclos laborales, académicos y familiares, generando la sensación de que “lo que se acaba es el mundo y no el año”. Esto provoca sobrecarga emocional y física.
Entre los síntomas más frecuentes del estrés de fin de año se incluyen contracturas, cefaleas, cansancio persistente, alteraciones del sueño, irritabilidad, ansiedad, tristeza, dificultades de concentración y conductas de evitación o exceso de actividades.
Schujman enfatizó que “siempre es el cuerpo el que habla las cosas que nosotros callamos”, por lo que es importante estar atentos a señales físicas y emocionales.
Cómo enfrentar la sobrecarga de diciembre
Los expertos consultados recomiendan estrategias para reducir el estrés y mejorar el bienestar:
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Priorizar el autocuidado: Escuchar las propias necesidades y decir “no” a compromisos que no aporten bienestar.
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Aprender a establecer límites: Comunicar disponibilidad real y reducir la participación en eventos según capacidades.
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Evitar la autoexigencia de felicidad: Aceptar las emociones y no imponer expectativas irreales sobre cómo deberían ser las Fiestas.
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Planificar y organizar: Definir prioridades y atender primero lo urgente para reducir sensación de colapso.
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Incorporar pausas y descanso: Programar momentos de quietud y recuperación durante el día.
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Mantener hábitos saludables: Cuidar alimentación, descanso y ejercicio sin caer en excesos.
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Gastar con criterio: Adaptar los festejos a los recursos disponibles.
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Regular expectativas familiares: Evitar temas conflictivos y enfocarse en gratitud y pequeños logros.
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Buscar ayuda o compañía si es necesario: No aislarse; pedir apoyo es parte de la gestión del malestar.
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Practicar asertividad y flexibilidad: Ajustar compromisos según la realidad emocional.
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Autoconocimiento y confianza en uno mismo: Herramientas clave para sostener límites y manejar la presión.
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Terapia y autoexploración: Facilitan regulación emocional y fortalecen recursos frente al estrés.
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Rutinas de calma y espacios de introspección: Actividades que generen seguridad y relajación ayudan a disminuir la saturación emocional.
En síntesis, diciembre puede ser un mes emocionalmente desafiante, pero la planificación, el autocuidado, la aceptación de emociones y el establecimiento de límites claros son estrategias efectivas para transitar el fin de año con menos estrés y más bienestar personal.


