Cada 6 de enero se conmemora la llegada de los Reyes Magos, una festividad celebrada en distintas partes del mundo y especialmente esperada por los niños.
La fecha, profundamente arraigada en la tradición cristiana y cultural, combina el significado religioso con costumbres populares que se mantienen vigentes hasta la actualidad.
En Argentina, el Día de Reyes no solo se vive a través de los regalos, sino también mediante una tradición gastronómica muy característica: la rosca de Reyes.
Este pan dulce, decorado con frutas confitadas y relleno de crema pastelera, simboliza las joyas de los Reyes Magos y suele compartirse en familia como parte central de la celebración.
Según la tradición cristiana, los llamados Reyes Magos de Oriente fueron sabios o sacerdotes eruditos que, tras el nacimiento de Jesús, viajaron desde tierras lejanas guiados por una estrella para rendirle homenaje.
En su visita, le ofrecieron oro, incienso y mirra, presentes cargados de profundo simbolismo religioso, que representan la realeza, la divinidad y el sacrificio, respectivamente.
Este episodio es conocido como la Epifanía, palabra que significa “revelación”, ya que marca el momento en que Jesús es manifestado al mundo como Dios.
El relato bíblico, recogido en el Evangelio de Mateo, narra que los magos llegaron a Jerusalén en tiempos del rey Herodes, preguntando por el recién nacido “Rey de los judíos”.
Alarmado, Herodes consultó a los sacerdotes y escribas, quienes confirmaron que el Mesías debía nacer en Belén. Con engaño, el rey pidió a los sabios que regresaran a informarle una vez encontraran al niño, con la supuesta intención de adorarlo.
Sin embargo, advertidos en sueños de las verdaderas intenciones de Herodes, los magos no regresaron a Jerusalén y volvieron a su tierra por otro camino. Al verse burlado, Herodes ordenó la matanza de los niños menores de dos años, episodio conocido como la de los Santos Inocentes.
El texto bíblico no precisa cuántos eran los magos, ni menciona que fueran reyes, tampoco describe su apariencia ni da sus nombres.
La tradición de llamarlos Melchor, Gaspar y Baltasar surgió siglos después. La referencia más antigua conocida aparece en un mosaico del siglo VI en la iglesia de San Apolinar el Nuevo, en Rávena, donde se los representa con vestimentas persas y con sus nombres inscritos.


