Lo que comenzó como un día cualquiera para Francis Llumiquinga, un estudiante de 16 años que solo buscaba llevar a su hermano enfermo de regreso a casa, terminó convirtiéndose en el punto de partida de una historia que hoy lo posiciona como una de las nuevas promesas del cine latinoamericano.
Sin experiencia previa en actuación, Francis llegó por azar a un casting que se realizaba en su colegio. Sin saber exactamente qué debía hacer, accedió a participar en las pruebas y, tras un exigente proceso de selección, fue elegido entre cientos de jóvenes para interpretar a Julio, el protagonista de la película ecuatoriana Hiedra.
“Dentro del cine no tengo trayectoria. Este es mi primer proyecto profesional”, reconoce el joven actor, quien asegura que nunca imaginó ocupar un papel principal.
La historia dio un giro aún más sorprendente cuando la cinta, una coproducción internacional, obtuvo el prestigioso León de Venecia 2025 al mejor guion, llevándolo por primera vez a Europa a sus 18 años.
Dirigida por Ana Cristina Barragán, Hiedra aborda temas profundos como el abandono, la pérdida y la orfandad, elementos que representaron un desafío emocional para Francis. Para dar vida a su personaje, el joven tuvo que convivir con realidades ajenas a su vida, visitando casas de acogida y conociendo historias marcadas por el dolor.
El proceso no fue sencillo. Durante meses, el actor se debatió entre sus estudios y las exigencias del rodaje, enfrentando incluso dudas sobre continuar en el proyecto. “Sentía que el personaje me estaba consumiendo”, admite, recordando que estuvo cerca de renunciar antes de aprender a separar su vida personal de la actuación.
En el set compartió escenas con actores experimentados como Simone Bucio, lo que enriqueció su aprendizaje y fortaleció su desempeño en pantalla.
El verdadero punto de inflexión llegó en Festival Internacional de Cine de Venecia, donde la película fue reconocida por su guion, sorprendiendo tanto al público como a la crítica. Este logro no solo impulsó la proyección internacional de la cinta, sino que también redefinió el futuro de Francis.
Inicialmente, el joven planeaba estudiar pedagogía en Lengua y Literatura, pero tras la experiencia vivida decidió apostar por el cine. “Sentía un vacío y no entendía por qué. Hasta que comprendí que este era mi camino”, confiesa.
La producción, que tomó siete años en desarrollarse, ha participado en más de 30 festivales alrededor del mundo y también obtuvo una mención de honor en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, consolidándose como una obra que invita a reflexionar sobre realidades sociales que muchas veces permanecen invisibles.
Hoy, Francis Llumiquinga no solo celebra su inesperado debut, sino que también se prepara para construir una carrera en el cine, convencido de que las historias pueden transformar miradas y generar conciencia.


