Un nuevo avance en el campo de la anticoncepción masculina ha vuelto a generar interés internacional: científicos trabajan con métodos inyectables diseñados para impedir temporalmente el paso de los espermatozoides y ofrecer a los hombres una alternativa reversible frente al embarazo.
Uno de los desarrollos más conocidos es RISUG (Reversible Inhibition of Sperm Under Guidance), un método no hormonal que utiliza un hidrogel aplicado directamente en los conductos deferentes. El material forma una barrera que bloquea el desplazamiento de los espermatozoides.
A diferencia de la vasectomía convencional, el concepto busca que la anticoncepción sea reversible. En paralelo, una tecnología derivada denominada Plan A, basada en Vasalgel, continúa avanzando en estudios clínicos para evaluar su seguridad, eficacia y posibilidad de reversión. El registro del estudio contempla la participación de hombres adultos y analiza precisamente la obstrucción y posterior reapertura de los conductos deferentes.
La investigación sobre anticonceptivos masculinos no se limita a las inyecciones. También se estudian opciones hormonales, geles, medicamentos orales y métodos no hormonales. Una revisión científica publicada en 2026 señala que varios candidatos se encuentran en distintas etapas de desarrollo clínico.
El interés por estas alternativas también ha recibido impulso institucional. En 2026, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció criterios para orientar el desarrollo de nuevos anticonceptivos masculinos, con énfasis en que sean eficaces, seguros, aceptables, accesibles y reversibles.
Sin embargo, la inyección anticonceptiva masculina todavía no está disponible como un método anticonceptivo de uso generalizado. Los diferentes candidatos deben completar sus ensayos clínicos y superar los procesos regulatorios correspondientes antes de llegar al mercado.

