Redacción. Una mujer fue detenida en las últimas horas cuando intentaba introducir supuesta marihuana al interior del Centro Penitenciario de Ilama, conocido como “El Pozo”, en el departamento de Santa Bárbara.
De acuerdo con las autoridades, la mujer ocultaba un envoltorio transparente con la sustancia en sus partes íntimas.
El hallazgo se produjo durante el riguroso proceso de inspección que se aplica a todas las visitas, gracias al trabajo coordinado de la Fuerza Nacional de Control de Centros Penitenciarios (FNCCP) y la Policía Militar del Orden Público (PMOP).
La detenida fue remitida a las autoridades correspondientes, donde se le seguirá el debido proceso legal, garantizando el respeto a sus derechos humanos conforme lo establece la ley hondureña.
Un problema persistente
El ingreso de drogas a los centros penitenciarios de Honduras continúa siendo un desafío, incluso en recintos de máxima seguridad como Ilama (Santa Bárbara) y La Tolva (Morocelí, El Paraíso).
A pesar de los controles reforzados, los intentos por burlar la seguridad son frecuentes.
Las autoridades señalan que, en muchos casos, son los propios visitantes quienes intentan introducir sustancias ilícitas utilizando métodos como ocultarlas en su cuerpo, comida o pertenencias personales.
En su mayoría, estas tareas recaen sobre mujeres, aunque también se han reportado casos que involucran a menores de edad.
Uno de los incidentes más alarmantes ocurrió en 2024, cuando una mujer intentó usar a su hijo de dos años para ingresar droga en La Tolva, lo que provocó la prohibición del ingreso de niños a los centros penales.
Falencias en seguridad
Actualmente, solo tres de los 25 centros penitenciarios del país cuentan con escáneres de rayos X, tecnología clave para detectar drogas, armas, celulares y otros objetos prohibidos. A esto se suma la corrupción dentro del sistema penitenciario, la falta de separación por nivel de peligrosidad entre los reclusos y las condiciones precarias que imperan en las cárceles.
La creación de la FNCCP en 2018 ha permitido avances importantes en la vigilancia y control, sin embargo, las bandas criminales siguen encontrando maneras de operar desde el interior de las prisiones.
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La lucha contra el narcotráfico en Honduras también tiene un fuerte componente carcelario.
El país, considerado un corredor estratégico para el tránsito de drogas hacia México y EE.UU., enfrenta el desafío de neutralizar las redes delictivas que operan desde el interior de sus cárceles, muchas veces con vínculos directos con estructuras como la Mara 18 o el Cartel de Sinaloa.


