La madrugada de este jueves, un trágico suceso enlutó a la comunidad de Coxen Hole, Roatán, Islas de la Bahía, tras el asesinato de una pareja de esposos identificada como Rully Alonso Castillo (42 años) y Bryani Onese Coleman (36 años).
De acuerdo con testimonios, varios individuos descendieron de un vehículo y abrieron fuego contra la pareja en plena vía pública, sin mediar palabra.
Coleman murió de inmediato en el lugar, mientras que Castillo, gravemente herido, fue trasladado a un centro asistencial, donde perdió la vida minutos después debido a la gravedad de sus lesiones.
La pareja era conocida en la zona por su carácter trabajador y por ser padres responsables. En redes sociales solían compartir momentos familiares, lo que ha generado consternación e indignación entre vecinos, amigos y allegados, quienes ahora claman justicia.
Las autoridades policiales informaron que ya se abrió una investigación sobre el doble crimen, aunque hasta el momento no se reportan personas detenidas. Asimismo, hicieron un llamado a la ciudadanía para que aporte información que ayude a identificar y capturar a los responsables.
Violencia en descenso, pero aún alarmante
Este caso ocurre en un contexto en el que Honduras ha registrado una disminución sostenida en los índices de homicidios.
Según datos del Sistema Estadístico Policial en Línea (SEPOL), en 2024 el país cerró con 2,503 asesinatos, la cifra más baja en dos décadas, lo que equivale a una tasa de 26.8 homicidios por cada 100,000 habitantes, una reducción del 25.3% en comparación con 2023.
Para 2025, hasta el 22 de mayo, ya se contabilizaban 841 homicidios, un 21.6% menos que en el mismo período del año anterior.
Sin embargo, la violencia sigue concentrándose en departamentos como Cortés, Francisco Morazán, Olancho y Yoro, así como en los municipios de San Pedro Sula y el Distrito Central, considerados los de mayor incidencia criminal.
Exigen justicia
La comunidad de Coxen Hole permanece conmocionada y exige respuestas rápidas de las autoridades. Para muchos habitantes, este crimen refleja que, pese a la disminución de los índices de violencia, la inseguridad sigue siendo una amenaza latente que golpea con fuerza a las familias hondureñas.


