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domingo, julio 19, 2026

¿Bendicò?

Recuerdo ahora por su editorial “¿Paralaje?”, escuché al señor embajador Arcos, QEPD –mensaje de la empresaria progresista– decir lo siguiente: “para que todo permanezca igual, haz unos pequeños cambios”. “Por cierto, qué lindo homenaje que le hace al embajador Arcos en AURUM. Un extraordinario y brillante ser humano muy querido. Igual a don Emín Barjum. Ambos muy merecedores de ese reconocimiento. Bello gesto de su parte. Y como lo dice en su libro antes la política no se veía como ahora, sino como un noble ejercicio de servicio público y liderazgo”.“Como ironiza Winston: “todo cambia para que nada cambie”. («Si queremos que todo siga como está, es preciso que todo cambie»).

“Este día he experimentado un “Aurum” –escribe en otro mensaje– después de haberme dormido tarde en la continuación de la lectura de un libro titulado “Aurum”, que me obsequió su autor. ¡Qué honor! Había comenzado a leerlo, pero se me habían pasado los días sin continuar, puesto en mi mesita de noche y no en mi “biblioteca para impresionar”, buscando momento de tranquilidad ante tanta gaseosidad y ruido como usted dice. Y es que, para mí, uno debe leer en momentos en los que la mente tiene capacidad de comprender, asimilar, aprender, reflexionar etc., joyas como su libro.

Realmente es una belleza poder conocer detalles que forman parte de nuestra historia, a través de anécdotas reales y sobre todo escritas de manera magistral como pocos lo saben hacer. Se hace todavía más interesante cuando los protagonistas de esas anécdotas e historias los conocíamos ya sea por ser personalidades públicas o que se hacían sentir dentro de sus actividades empresariales o su contribución.

Me encantó la descripción que hace de usted, su amigo Arístides Mejía, una persona amante de las letras y de la cultura. Realmente no me quería dormir y quería seguir leyendo. Me moría de la risa con las lindas historias y anécdotas con su padre don Oscar que en paz descanse, “todo un personaje enormemente ilustrado”. Y me daba cuenta que estaba riéndome sola (salud para el alma). El legado de don Oscar en su hijo, un verdadero testimonio de su brillantez. Cuantas vivencias, que se han mantenido en su mente sin olvidarlas porque se quedaron en el corazón y que sin egoísmos ni vanidades ahora nos comparte en sus libros. ¡Al fin lo hizo!

Muchos le pedimos que escribiera un libro y se tardó un poco, pero ya. No era posible que ese oro sólido se perdiera con el tiempo. Continuaremos en la lectura”. Sobre el mismo tema unos fragmentos de: Sacarrín –de la leída amiga y columnista de LA TRIBUNA– “Despojado de los cien impedimentos que la honestidad, la decencia e incluso la buena educación imponen a las acciones de muchos otros hombres, comportábase en el bosque de la vida con la seguridad de un elefante que, arrancando árboles y aplastando madrigueras, avanza en línea recta sin advertir siquiera los arañazos de las espinas y los lamentos de las víctimas”.

“En la circulación de las élites se pueden colar estos personajes –nunca se sabe decía Chelato– y aunque la caída de la aristocracia parecía una idea básicamente buena, Lampedusa nos muestra el sórdido esfuerzo que se requiere para salir adelante en política, que no existe ningún sistema que garantice jamás que buenas personas estén a cargo y que la aristocracia no era tan mala en comparación con los mañosos que “fueron electos” en reemplazo. (Pero al fin y al cabo “eran de la misma camada”, “eran sangre de su sangre, eran él mismo; solo con ellos se comprendía, solo con ellos se sentía a gusto”).

En esta deliciosa obra de literatura nos adentramos en las dinámicas de poder y evolución de las élites de la Italia decimonónica, algunas de las que describe Pareto en su extensa obra y, en lo que corresponde al drama de El Gatopardo, su estudio del cambiante equilibrio social entre las fuerzas compensatorias. -Mañana nos veremos y entonces me contarás cómo el príncipe de Salina ha soportado la revolución. -Se lo diré ahora con cuatro palabras: dice que no ha sido ninguna revolución y que todo seguirá como antes”. (¿Y sabés –tercia el Sisimite–cómo se llama el chuchito de la obra? -Ayer lo citaron –recuerda Winston– pero no sé qué estarás insinuando: “El giro final del perro Bendicò, reducido a «polvo lívido», simboliza esta disolución de todas las formas y apariencias”).

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