Las intensas temperaturas y la sequía continúan dejando efectos más allá de la salud humana en Honduras. Los cultivos de verduras y hortalizas también están siendo golpeados por el calor extremo, una situación que preocupa a productores agrícolas debido a la disminución en las cosechas y el posible aumento de precios en los mercados.
Neptalí Escoto, agricultor dedicado al cultivo de tomates, pepinos y berenjenas en la comunidad de Monte Redondo, ubicada a unos 28 kilómetros de Tegucigalpa sobre la carretera hacia Olancho, relató las dificultades que enfrentan quienes dependen de la agricultura para subsistir.
Según explicó, aunque las plantaciones cuenten con sistemas de riego, las altas temperaturas continúan afectando el desarrollo de los cultivos.
“La sequía nos está pasando factura. Aunque las plantas tengan humedad suficiente, los golpes de calor las estresan y provocan que los productos salgan deshidratados”, expresó el productor, quien desde temprana edad se ha dedicado al trabajo agrícola.
Escoto comercializa gran parte de su producción en el mercado Zonal Belén o Mayoreo, en Comayagüela, uno de los principales centros de abastecimiento del Distrito Central.
Sin embargo, asegura que las pérdidas derivadas del clima se han vuelto cada vez más difíciles de enfrentar. De acuerdo con el agricultor, la producción ha disminuido hasta en un 50 por ciento debido al impacto de las altas temperaturas.
A esta problemática se suman otros factores como la variación de precios en el mercado y el ingreso de productos importados, condiciones que también afectan la rentabilidad del trabajo agrícola.
“El precio lo determina el comportamiento del mercado. Cuando hay abundancia los precios bajan, pero cuando disminuye la producción los costos suben”, señaló.
Monte Redondo es una de las comunidades que abastece a los mercados capitalinos con productos como lechuga, cebollín, culantro, coliflor, repollo, además de maíz y frijoles.
Especialistas advierten que los golpes de calor en los cultivos ocurren cuando las temperaturas superan los 35 grados Celsius o se presentan incrementos bruscos de calor que las plantas no logran asimilar. Esto genera estrés hídrico, reduce la capacidad de fotosíntesis, provoca daños en hojas y frutos, y puede ocasionar la caída prematura de flores, afectando directamente la producción.
Incluso en terrenos con sistemas de riego, las condiciones extremas pueden generar pérdidas importantes debido a la rápida evaporación del agua y el impacto térmico sobre las plantas.
Productores agrícolas mantienen la preocupación ante la continuidad de las altas temperaturas, mientras esperan condiciones climáticas más favorables que permitan recuperar los niveles de producción.


