martes, 31 enero 2023

Incoherencia: La señal de la mediocridad

Sé que es una frase fuerte. La menciona el gurú organizacional “Jim Collins” en su libro “Grandioso por elección” y no solo habla de las personas, lo hace en función de empresas que son inconsistentes en lo que hacen.

Las empresas mediocres no tienen coherencia en el liderazgo, en la misión, en el estilo de gestión o en su filosofía. Van a la deriva con las mareas que predominan, sin querer (o sin poder) trazar un rumbo determinado.

Uno de los más valiosos consejos que aprendí de mi padre, fue una vez que me dijo: “Si no gerencias tu negocio, la inercia lo manejará”. Y aprendí lo peligroso que es eso, venir un lunes y no saber qué puede deparar la semana y en función de “lo que salga” vamos viendo qué sale.

Si este concepto lo trasladamos a las personas, es una gran señal a la hora de contratar o incluso ver quién permite, en su círculo de gente cercana, la coherencia.

El diccionario nos enseña que “Coherencia” es la relación lógica entre dos cosas, o entre las partes de algo. De modo que no produce contradicción ni oposición entre ellas. De aquí que encuentra lo más valioso para poder encontrar coherencia en alguien: Vea lo que hace, no lo que dice.

Las palabras se las lleva el viento, decimos popularmente, pero hoy en día ni siquiera los acuerdos o contratos se respetan, razón por la cual nos es necesario ir un paso atrás y ver qué tan cierto es lo que las personas dicen y hacen.

Esto, sobre todo cuando hacemos las entrevistas de trabajo, las personas dicen a todo “sí”, sin importar a lo que se meten. Si usted les dice si con capaces de realizar trabajo en equipo y fomentar la armonía entre compañeros, todos dicen que son capaces y a la hora de la hora, son los primeros en meter pleitos, o pasar resentidos.

Si usted les pregunta si son capaces de trabajar bajo presión, le responden que igual sí, pero a la primera de cambios están bloqueados y con actitudes negativas ante sus responsabilidades.

Si lo pasamos al plano personal, cuando las personas desarrollamos el tan llamado “verbo” somos capaces de endulzar personas, con promesas, una fachada a la medida de la situación y ofreciendo habilidades y destrezas que tampoco poseemos.

La coherencia se muestra en las cosas pequeñas. En ver si esa persona persevera en lo que ha dicho. O si promete algo, pero no lo cumple. La puntualidad, la manera en que se expresa, incluso su trato con los demás.

¡Cuántos dolores de cabeza y de corazón nos evitaríamos si aprendiéramos a buscar coherencia en los actos de las personas! Empezando por nuestra clase política. Donde en campaña es una cosa y después de ella otra.

Los que decimos ser creyentes o personas de fe, pero nunca mostramos ese amor al prójimo en nuestras acciones. No nos esforzamos. Realmente no nos comprometemos a hacer lo que decimos.

Y en los negocios, mucha de la confianza, mucho de lo que llamamos “Atención” o servicio al cliente, pasa por ser coherentes. Si alguien me realizó una compra, quiere que ese producto sea entregado en tiempo y forma. Lo que pagó, ni más ni menos.

Y en la formación de los hijos. Sí aprendemos a cumplir como padres nuestras promesas e intentar ser ejemplo, sin mostrarnos perfectos. Ser coherentes es una decisión personal.

Es saber que la palabra de uno valdrá. ¡Más que un papel! Suena utópico hoy en día, pero esforcémonos, pues ser coherentes lleva a la excelencia.

Por Enrique Zaldívar
2050 comunicaciones

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